Un hombre montado en un caballo cubierto de sudor penetra en un bar de un pueblo fronterizo, pidiendo cerveza con la indiferencia de quien viene a resolver asuntos oscuros, no a divertirse.
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Un hombre montado en un caballo cubierto de sudor penetra en un bar de un pueblo fronterizo, pidiendo cerveza con la indiferencia de quien viene a resolver asuntos oscuros, no a divertirse. Rolando Dorrego, conocido como «El Yacaré», ha llegado a Apples City tras recibir una carta anónima que lo alerta sobre caravanas enteras que desaparecen en un territorio llamado «El llano de los perdidos». Su investigación comienza con una pelea callejera y continúa en un salón atestado de gente, donde un encuentro inesperado con una camarera lo confronta con un objeto que lo devuelve a los fantasmas de su pasado: la pulsera de oro que su hermana asesinada llevaba la noche de su muerte.
Rolando Dorrego, vigilante de justicia a quien llaman «El Yacaré», regresa a su rancho «Amapola» cuando encuentra una carta anónima que lo sumerge en un misterio criminal de alcance significativo. El remitente desconocido le describe cómo caravanas enteras desaparecen sin dejar rastro en un desierto al norte del río Columbia, un paraje llamado «El llano de los perdidos» que se atraviesa forzosamente en las rutas hacia Fort River y la frontera canadiense. Sin pruebas concretas, el autor sospecha que el responsable vive en Apples City, un pueblo fronterizo de apenas quinientos vecinos.
Con su habitual metodología, «El Yacaré» llega a investigar. Es un hombre varonil y esbelto que porta dos revólveres con culatas de nácar y se mueve con la soltura de quien está acostumbrado a enfrentarse a cualquier peligro. Su llegada no pasa desapercibida: un altercado callejero con dos hombres genera inquietud entre los pobladores. Esa noche, en «El Cuervo Azul», el bar más concurrido, una camarera joven llamada Sara se sienta con él y le cuenta sobre la desconfianza que ha envuelto al pueblo desde que comenzaron las desapariciones, cómo nadie se atreve a cruzar «El llano de los perdidos».
Mientras Sara habla, «El Yacaré» observa en su muñeca una pulsera de oro en forma de serpiente mordiéndose la cola, con dos pequeños diamantes por ojos. Es la joya que su hermana Nelly llevaba la noche en que fuera asesinada. Aquella pulsera, que marca la tragedia de su vida y lo convirtió en perseguidor de bandidos, ahora aparece en manos de una camarera de un bar de frontera. La pregunta surge inevitable: ¿cómo llegó hasta Sara, y qué conexión existe entre ella y los crímenes del pasado?
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