En las calles de Sledwaya, una ciudad donde la enfermedad es la norma y el sufrimiento la costumbre, Eco, un gratito que habla con voz humana, aguarda en la acera sin nada que comer.
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En las calles de Sledwaya, una ciudad donde la enfermedad es la norma y el sufrimiento la costumbre, Eco, un gratito que habla con voz humana, aguarda en la acera sin nada que comer. Cuando el Maestre de Burujas, un alquimista aterrador, le ofrece un mes de festines sin igual, el pequeño gato debe enfrentarse a una decisión imposible: aceptar la abundancia a cambio de su propia vida.
Sledwaya es una ciudad enferma, un lugar donde la patología es el único lenguaje común. Sus calles tortuosas se retuercen bajo casas que parecen a punto de desplomarse, y sus habitantes avanzan como sonámbulos, pálidos y exangües, consumidos por males de nombres imposibles: la tos cerebral, la migraña hepática, el zumbido de oídos, dolencias que apenas despiertan compasión.
En este escenario de desolación conocemos a Eco, un gratito cuya capacidad de hablar lo distinguía de los animales ordinarios. Cuando muere su dueña, el pequeño gato es expulsado de la casa por unos nuevos propietarios indiferentes. Arrojado a las calles sin instinto de supervivencia, Eco se ve consumido por el hambre. Mendiga entre los peatones, rechazado por todos, hasta que un encuentro inevitable lo lleva ante la presencia más terrible que la ciudad puede ofrecer.
Eisspin, el Maestre de Burujas, es la encarnación de la pesadilla hecha carne. Sus pasos resuenan con placas de hierro, sus ropajes destilan esencias tóxicas, y su collar de huesos entrechocar como un esqueleto al viento. Es el verdadero soberano de Sledwaya, el tirano que mantiene la ciudad bajo su dominio mediante el miedo y la enfermedad.
Cuando Eisspin se cruza con Eco, ofrece al gato famélico un pacto extraordinario: será alimentado con manjares refinados durante exactamente un mes lunar, tendrá acceso a un jardín secreto en el tejado más alto, dormirá en el cojín más grueso junto a la estufa más caliente. Pero al llegar la próxima luna de las burujas, sus grasas servirán para los experimentos alquímicos. Condenado de todas formas, Eco elige la vida abundante sobre la muerte lenta y acepta el contrato, permitiéndose explorar los interiores oscuros del castillo donde magia y misterios aguardan.