Un dedo enguantado empuja un pintalabios bajo la nevera. Son los primeros pasos de un plan de venganza meticulosamente orquestado. Mientras en otra parte de Santiago, el inspector Yoel es despertado en su día libre para investigar un…
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Un dedo enguantado empuja un pintalabios bajo la nevera. Son los primeros pasos de un plan de venganza meticulosamente orquestado. Mientras en otra parte de Santiago, el inspector Yoel es despertado en su día libre para investigar un cuerpo enterrado, descubre una conexión imposible: su anillo de propuesta reposa junto a los restos. Una calavera sin dientes, excepto uno de oro, evoca los misterios de una novela que su novia le ha insistido que lea.
En una casa de Santiago de Compostela, alguien meticulosamente protegido realiza los últimos preparativos de un plan de venganza. Cada objeto se coloca con precisión, cada movimiento calculado para no dejar rastro. Una conspiración tan elaborada que, según sus propias palabras, el mundo la contemplará con la boca abierta.
El inspector Yoel Garza es despertado a primera hora de la mañana en su día libre por una llamada urgente. El comisario Vermón le solicita que acuda sin demoras a una finca en las afueras de Santiago. Algo en esa llamada hace que Yoel deje el calor de su cama, apartándose de su novia Ángela, quien ya comienza a resentir los sacrificios que implica estar con un policía.
Lo que Yoel encuentra en esa finca rural desafía toda lógica. Un cadáver enterrado reposa en una tumba improvisada. Pero lo que congela la sangre de Yoel no es el esqueleto ni la calavera con agujero de bala: es el anillo de oro blanco que yace entre los huesos. Su anillo. El que usó para pedir matrimonio a Ángela meses atrás, y que ella perdió con tanta angustia que pospuso la boda. Un objeto que se suponía extraviado en los recovecos de su vida cotidiana.
Los detalles del cuerpo revelan un patrón perturbador: la calavera carece de dientes excepto por uno de oro. Yoel reconoce la imagen de una novela que reposa en su estantería, escrita por un antiguo compañero de colegio, que Ángela le ha recomendado leer una y otra vez. El título: Un diente de oro. La portada muestra exactamente lo que tiene delante: una calavera mutilada, con un único diente dorado brillando entre la oscuridad.
Mientras Yoel intenta procesar esta convergencia imposible de eventos, Ángela permanece en casa, sumida en la inquietud de su día supuestamente libre en pareja. Sus emociones oscilan entre frustración, culpa y rabia hacia la rigidez mental de Yoel, incluso cuando su trabajo requiere flexibilidad excepcional de pensamiento. En el trasfondo acecha un dolor más antiguo: la muerte de su hermano Gabriel, cuyo accidente de moto hace cinco años cambió el curso de sus vidas.
Un plan de venganza meticulosamente ejecutado comienza a tomar forma, hilos que conectan lugares, personas y secretos enterrados. La pregunta que resuena en la mente de Yoel es simple pero devastadora: ¿quién conoce su vida lo suficientemente bien como para orquestar algo así?