En su estrecho estudio, donde apenas entra luz, un catedrático de Literatura medita sobre la Eneida mientras comparte el espacio con libros, un maniquí de su esposa y sus propias insatisfacciones.
Descargar
En su estrecho estudio, donde apenas entra luz, un catedrático de Literatura medita sobre la Eneida mientras comparte el espacio con libros, un maniquí de su esposa y sus propias insatisfacciones. Cuando llega su discípulo de uniforme militar, la conversación se tuerce hacia reflexiones sobre la guerra, el heroísmo y la disciplina.
El señor Bergeret es un hombre atraído por la erudición clásica, confinado en un estudio que es más un almacén que un lugar de trabajo. Entre las notas de sus alumnas y la presencia de un maniquí para confecciones, lucha por mantener su concentración en el estudio minucioso de Virgilio. Su mayor conflicto no es físico sino interno: ansía recorrer los paisajes de Italia y Grecia que sus textos evocan, pero sabe que su vida está encadenada a esa habitación deformada y a una rutina sin gloria.
La llegada de Roux, su alumno predilecto, ahora uniformado para el servicio militar obligatorio, detona una cadena de reflexiones sobre la naturaleza del heroísmo, la guerra y la obediencia. Bergeret expone sus ideas con ironía cáustica: habla de cómo Roma no fue un pueblo esencialmente heroico, sino pragmático; de cómo el miedo es el verdadero motor de las tropas; de cómo los sargentos cultivan la emulación mediante el desprecio. Roux responde con la honestidad de quien ha vivido esos ejercicios matutinos en el frío, ese adormecimiento útil que llamamos disciplina.
El diálogo es interrumpido por la esposa de Bergeret, quien entra con una bata elegante y una actitud coqueta hacia el joven soldado. Ella intenta convencer a su marido de que sea más amable con las personas influyentes, pues teme que su conducta sardónica lo haya alejado de los círculos que podrían beneficiarlo. La tensión matrimonial se entrelaza con una conversación sobre un capitán esteta que compone versos sobre el ejército y padece por los colores de la bandera nacional.
En el trasfondo late una pregunta sin respuesta: ¿puede un hombre culto, encerrado en sus propias limitaciones y resentimientos, hallar sentido en el mundo que lo rodea? ¿O está condenado a construir su propia infelicidad mientras contempla el brillo de lo inalcanzable?
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.