Álex Mayer, fotógrafo y periodista, despierta con resaca tras una noche con una desconocida cuando la policía europea lo reclama. La chica con la que trabajó hace un mes, Annie, ha sido asesinada con brutalidad.
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Álex Mayer, fotógrafo y periodista, despierta con resaca tras una noche con una desconocida cuando la policía europea lo reclama. La chica con la que trabajó hace un mes, Annie, ha sido asesinada con brutalidad. A medida que Álex se ve envuelto en la investigación, descubre que el arma del crimen conecta con asesinatos cometidos durante tres siglos en toda Europa. Un misterio que amenaza su vida cuando regresa a su apartamento para encontrarlo destrozado y símbolos rituales pintados en sus paredes.
Álex Mayer se despierta con una resaca acusadora en su apartamento parisino, con una desconocida durmiendo aún a su lado. El teléfono ha estado sonando persistentemente durante toda la noche hasta que, desesperado, logra silenciarlo. Apenas tiene tiempo de recuperarse cuando agentes de la Europol llaman a su puerta y exigen que los acompañe sin proporcionar explicaciones sobre sus intenciones.
El inspector Henry Fucher, del departamento de policía criminal, lo transporta a una escena de crimen donde aguarda un descubrimiento devastador. Una joven mujer yace muerta en una cama, atravesada por múltiples puñaladas en la espalda, rodeada de extraños símbolos rituales pintados en las paredes que definen la escena. Álex reconoce el lugar inmediatamente: es el apartamento de Annie, una empresaria con la que trabajó hace apenas un mes en un encargo profesional.
Su conexión con la víctima fue casual y profesional al inicio. Un periódico le encargó fotografiar a Annie para un artículo sobre un caso de éxito empresarial. Durante aquel encuentro, la relación evolucionó más allá de lo profesional durante algunas semanas, aunque luego cesó. Los registros telefónicos de Annie revelan catorce llamadas consecutivas a su número la noche de su muerte, un detalle que complica las sospechas iniciales sobre la inocencia de Álex.
El inspector revela entonces una verdad inquietante: el puñal no es un arma ordinaria. Ha aparecido en otros asesinatos cometidos en distintas regiones de Europa durante períodos históricos separados. El primer registro de esta arma en investigaciones criminales europeas se remonta tres siglos atrás. Fucher teoriza sobre la existencia de una secta organizada o una conspiración que atraviesa los siglos, aunque admite que todo permanece en el terreno de las conjeturas.
Cuando Álex regresa a su propio apartamento, descubre con horror que la puerta está abierta. Su vivienda ha sido destrozada de forma sistemática: muebles volcados, objetos dispersos. Alguien buscaba algo específico. En la pared blanca, grabados con violencia, aparecen nuevamente los mismos símbolos rituales que vio en el apartamento de Annie. La confirmación de que está siendo perseguido llega cuando un intruso corpulento emerge de las sombras y lo golpea violentamente, dejándolo inconsciente.
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