Un sueño de margaritas y campanas es interrumpido a las tres de la madrugada. El comisario Montalbano es arrastrado a una situación incómoda: su subordinado Augello ha descubierto un cadáver en el departamento donde mantenía un encuentro…
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Un sueño de margaritas y campanas es interrumpido a las tres de la madrugada. El comisario Montalbano es arrastrado a una situación incómoda: su subordinado Augello ha descubierto un cadáver en el departamento donde mantenía un encuentro amoroso clandestino. Ahora enfrentan un dilema: cómo reportar oficialmente el hallazgo sin comprometer la carrera ni el matrimonio del subcomisario, mientras pistas de sangre en la ropa acusan un homicidio y no simplemente una muerte natural.
A las tres de la madrugada, el timbre del teléfono arranca a Montalbano de un sueño donde recorría un claro cubierto de margaritas rojas y amarillas, con el sonido de cencerros aproximándose. De pronto, la llamada urgente de su subordinado Mimì Augello lo devuelve a la realidad. Augello llega a la casa del comisario en estado de agitación y, después de servirse un whisky, revela lo ocurrido a través del relato de sus acciones recientes.
El comisario escucha el relato como si viera una película. Augello condujo sigilosamente por las calles nocturnas hacia un departamento, subió escaleras sin encender luces, entró a una habitación oscura donde lo esperaba una mujer casada y, en el momento más delicado de su encuentro, escuchó el sonido de una llave en la cerradura. El marido regresaba de manera inesperada. En su huida acelerada, Augello saltó de balcón en balcón para descender por la fachada exterior del edificio, pero en uno de los departamentos intermedios, en la oscuridad de una habitación, tropezó contra una silla. Cuando tanteó para investigar, descubrió en la cama la forma inerte de un hombre completamente vestido, cuya frente tocó con gélida frialdad. Era un cadáver.
Montalbano comprende rápidamente que está ante un asunto complicado. Un muerto descubierto fortuitamente durante una situación comprometida para uno de sus oficiales. Pero cuando examina la camisa de Augello ve un rastro de sangre en el puño. Eso cambia todo: no se trata de una muerte natural, sino de un homicidio. Ahora enfrenta un dilema profesional sin precedentes: cómo reportar oficialmente el hallazgo del cadáver sin revelar cómo fue descubierto ni sin destruir la carrera y matrimonio de Augello. La solución requiere ingenio y estrategia.
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