Una detective de Miami reabre un caso frío de 1992. Un automóvil se hundió en un canal semanas después del huracán Andrew, su ocupante murió, pero la bebé que viajaba con él desapareció sin dejar rastro.
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Una detective de Miami reabre un caso frío de 1992. Un automóvil se hundió en un canal semanas después del huracán Andrew, su ocupante murió, pero la bebé que viajaba con él desapareció sin dejar rastro. Veintitrés años después, su madre sigue buscando. Mientras María Duquesne investiga esta desaparición, su pasado y el de la ciudad convergen en una búsqueda que pondrá a prueba sus certezas sobre lo que es posible creer.
Cuando María Duquesne llega a la estación de policía en Miami una mañana de noviembre, presiente que algo está por cambiar. Sus compañeros trabajan tensos frente a sus pantallas, y pronto su jefe la convoca a su oficina. Le asigna dos casos fríos que desean reabrir: investigaciones sin resolver que yacían dormidas durante años. En la sala de conferencias espera un archivo que contiene la historia de un accidente aparente. En septiembre de 1992, semanas después del huracán Andrew que devastó la región, el automóvil de Raimundo Alberto Lazo se desplomó en un canal. Los oficiales encontraron su cuerpo, pero algo quedó sin resolver: una bebé de cinco semanas viajaba con él. Su cadáver nunca apareció. Una fotografía Polaroid borrosa muestra con claridad la silla infantil en el asiento trasero. La investigación se cerró rápidamente, comprensible dado el caos que reinaba entonces. Pero la madre, Gladys Elena, nunca aceptó la conclusión. Convencida de que su hija sobrevivió, ha dedicado veintitrés años a buscarla, recorriendo detectivas privados, asociaciones de niños desaparecidos, publicando retratos de cómo su hija lucía conforme crecía. María se sumerge en el caso con una mirada renovada. Mientras tanto, en el curso de ese mismo día, sus amigas de la infancia la convocan a un almuerzo clandestino para pedirle que investigue una supuesta infidelidad. La vida privada irrumpe en lo profesional, entrelazando historias de la ciudad cubano-americana que es Miami. Cuando María por fin se presenta en la modesta casa de Hialeah donde vive Gladys Elena, reconoce algo en el rostro de la hija que le abre la puerta: los mismos rasgos de los dibujos de cómo sería la bebé desaparecida si hubiera vivido. Comienza entonces una conversación que remonta décadas, que toca la travesía en balsa desde Cuba, la pérdida del padre en el mar, la reconstrucción de una vida en tierra desconocida. Y plantea una pregunta que atraviesa toda la novela: ¿es posible que un milagro haya ocurrido?
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