Cuando Augusto cierra las puertas del templo de Jano, sella la paz sobre el imperio. Es el año 29 a.C., la Pax Augustana, época que marca la plenitud de los tiempos.
Descargar
Cuando Augusto cierra las puertas del templo de Jano, sella la paz sobre el imperio. Es el año 29 a.C., la Pax Augustana, época que marca la plenitud de los tiempos. En Nazaret, pueblo de Galilea alejado de las rutas comerciales, vive José, artesano y descendiente de David que medita en las promesas divinas. Con manos que trabajan la madera y un corazón que escudriña las Escrituras, espera el cumplimiento de lo profetizado mientras Roma extiende su dominio y Palestina prospera bajo una paz extraordinaria.
La cerradura del templo de Jano marca en el año 29 a.C. una frontera histórica: la Pax Augustana se extiende sobre el Imperio Romano. Las guerras civiles han terminado con la batalla de Accio; el Mediterráneo es un cuerpo único bajo dominio romano. En ese mismo momento, en el otro extremo de la tierra, China vive también una paz singular: la pax sina. Parece que los cielos hubiesen concedido este don extraordinario a la humanidad, aunque pocos lo adviertan.
En Nazaret, aldea de Galilea construida entre peñascos y barrancos, lejos de las rutas comerciales mayores, vive José, artesano de unos treinta años. Es descendiente de David, aunque su linaje perdió el trono hace siglos cuando Babilonia derrumbó el reino. Sus antepasados huyeron durante la cautividad; ahora viven en pobreza honrada, con la dignidad de quienes conservan memoria de su origen regio. José trabaja con las manos: repara arados mellados en piedra, construye puertas, fabrica mesas. Es trabajo noble de artesano, aunque no sea de reyes.
Lo que lo distingue de otros hombres de Nazaret es su meditación constante de las Sagradas Escrituras. Cumple las cinco oraciones diarias, guarda el Sabat, pero en las noches medita las promesas que Dios hizo a David: un reino eterno, un trono que permanecería para siempre, un vástago fuerte que traería salvación a todos los pueblos. La realidad lo desconcierta profundamente. Los romanos gobiernan Palestina; el linaje de David no reina; las promesas parecen incumplidas.
La Pax Augustana trae prosperidad: cosechas abundantes, reformas en la administración, mejora de caminos y obras de ingeniería. Palestina participa de este bienestar. El Templo ha alcanzado magnificencia bajo Herodes el Grande, con sus basamentos de piedra de cien toneladas. Pero José se pregunta cómo pueden cumplirse las promesas en tiempos de ocupación extranjera. Desconoce que esta plenitud de los tiempos es precisamente el umbral de una transformación que lo tocará de manera inesperada.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.