Lionel Savage desciende de un tren dispuesto a una excursión solitaria, rechazando las advertencias sobre la tormenta que se aproxima. En el camino hacia un molino distante, encuentra a una muchacha enigmática que busca avanzar a pesar de…
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Lionel Savage desciende de un tren dispuesto a una excursión solitaria, rechazando las advertencias sobre la tormenta que se aproxima. En el camino hacia un molino distante, encuentra a una muchacha enigmática que busca avanzar a pesar de la lluvia. Juntos buscan refugio en la estructura abandonada, donde descubren que la puerta cede ante el menor empuje, revelando un interior que guarda secretos inesperados. Lo que comienza como un encuentro casual en la intemperie se transforma en el punto de partida de una aventura cuyos contornos permanecen ocultos.
Una tormenta se cierne sobre la campiña inglesa cuando Lionel Savage, un joven excursionista con aire melancólico, desciende del tren en una pequeña estación. Un portero de aspecto deprimido lo advierte sobre el mal tiempo que se aproxima, pero Lionel rechaza la comodidad de la posada del pueblo. Lleva en su espíritu cierto fastidio que lo empuja a avanzar, a desafiar la lógica que lo obligaría a esperar. Observa en el horizonte la silueta de un molino que le intriga, una mancha oscura contra el cielo nublado.
Mientras camina por los senderos del páramo, la lluvia comienza a caer. Es entonces cuando escucha una voz femenina que emerge de entre unos arbustos: una muchacha aparentemente perdida, aunque afirma lo contrario. Rita es elegante, porta un sombrero de modista y zapatos que no parecen hechos para esta soledad desolada. Su presencia despierta en Lionel un impulso protector que había permanecido dormido. Ella propone continuar juntos, y él acepta sin cuestionar demasiado.
Lo que sigue es un trayecto por la intemperie cada vez más violenta. La lluvia arrecia, la niebla envuelve el páramo, y ambos avanzan casi a ciegas hasta que una forma oscura emerge del aguacero: el molino que Lionel buscaba. Buscan refugio en su umbral, pero el tiempo no mejora. Rita, mojada pero resiliente, sugiere entrar. Sorprendentemente, la puerta cede al más leve empuje. Dentro, el octógono del molino se revela habitado, aunque sin signos evidentes de ocupación: cortinas naranjas envuelven la estancia en una luz irreal, y una pequeña puerta en la pared promete misterios por revelar.
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