Este volumen abre el relato sobre los Borgia desde sus orígenes aragoneses hasta la consolidación de su poder en Roma. Desde la pequeña ciudad de Játiva, un clan de guerreros se abre paso en la política eclesiástica medieval, transformando…
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Este volumen abre el relato sobre los Borgia desde sus orígenes aragoneses hasta la consolidación de su poder en Roma. Desde la pequeña ciudad de Játiva, un clan de guerreros se abre paso en la política eclesiástica medieval, transformando fortunas territoriales en influencia papal. La narración sigue cómo Alonso de Borja ascendió desde canónigo a Papa, y cómo su sobrino Rodrigo, cardenal ambicioso, navegó las intrigas romanas mientras construía una dinastía cuyas ramificaciones marcarían Europa.
En el alba del siglo quince, un cardenal sale del castillo de Sant Angelo a caballo, disfrazado, huyendo de Roma mientras la ciudad se desmorona en disturbios. Esta es la imagen que cierra el reinado de Calixto III, el primer Papa de la familia Borgia. Pero el verdadero corazón de la narración pertenece a su sobrino, Rodrigo Borgia, el hombre que daría forma al poder Borgia en su expresión más duradera.
La crónica comienza en Játiva, donde un escudo con un toro rojo simboliza las raíces de un clan de guerreros aragoneses. Alonso de Borja nació en 1378, en medio de un cisma que dividió la cristiandad, protegido por el Papa aragonés Benedicto XIII. Su inteligencia política lo elevó desde canónigo a obispo de Valencia, y luego a cardenal. A los setenta y siete años, fue elegido Papa con el nombre de Calixto III.
Como pontífice, Calixto III favoreció a sus parientes sin reticencia. Su joven sobrino Rodrigo, apenas adolescente, fue insertado en la estructura eclesiástica con rapidez: notario apostólico a los dieciséis años, cardenal a los veinticuatro. Pero la muerte de Calixto en 1458 dejó a la familia vulnerable. Pedro Luis, hermano mayor de Rodrigo, huyó de Roma entre la multitud saqueadora, para morir misteriosamente semanas después en la costa.
Rodrigo, sin embargo, sobrevivió mostrando pragmatismo. Bajo papas sucesivos, se mantuvo en posiciones de poder. Como vicecanciller pontificio, distribuyó favores y acumuló riqueza. Fue en Subiaco, en la abadía que le confiaron, donde construyó una vida doble: la de príncipe de la Iglesia y la de padre de sus hijos naturales con Vannozza Cattanei, una romana de familias mercantiles.
Entre 1475 y 1480 nacieron César, Juan y Lucrecia, niños que el cardenal reconoció abiertamente, desafiando las normas que lo obligaban a guardar castidad. Rodrigo fue un padre atento y generoso, casando a sus hijos con nobles romanos. Este fue el tejido de la próxima dinastía: no uno de virtudes eclesiásticas, sino de pragmatismo político y afectos familiares que trascendieron la santidad oficial de la Iglesia.
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