Una mañana de junio de 1943, en una cala de la Riviera francesa, Jacques Cousteau se sumerge por primera vez con el aqualung, el primer pulmón autónomo que permite respirar bajo el agua sin estar conectado a la superficie.
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Una mañana de junio de 1943, en una cala de la Riviera francesa, Jacques Cousteau se sumerge por primera vez con el aqualung, el primer pulmón autónomo que permite respirar bajo el agua sin estar conectado a la superficie. Lo que comienza como la prueba de un aparato revolucionario se convierte en el relato de cómo el autor y sus compañeros, Philippe Tailliez y Frédéric Dumas, descubrieron gradualmente el mundo submarino. Desde los lentes submarinos hasta los primeros tubos de respiración y finalmente el buceo autónomo, este libro cuenta la experiencia de convertirse en los primeros verdaderos hombres-pez, capaces de nadar horizontalmente en las profundidades como si fueran criaturas del mar.
Un regulador del tamaño de un despertador, tres botellas de aire comprimido a más de ciento cincuenta veces la presión atmosférica, y dos tubos que convergen en una boquilla: con este equipo, Jacques Cousteau penetra por primera vez en las aguas de la Riviera francesa en el verano de 1943. Lo que sucede en esa cala oculta, lejos de las miradas indiscretas de los bañistas y los soldados de ocupación italiana, es una transformación silenciosa de la relación del hombre con el océano.
Bajo el agua, Cousteau descubre que puede respirar sin esfuerzo, descender y ascender controlando el aire de sus pulmones, moverse horizontalmente como los peces. Las burbujas que salen de su regulador se vuelven un símbolo reconfortante: mientras asciendan hacia la superficie, todo irá bien. Nada de cuerdas umbilicales, nada de cascos de cobre ni de pesadas botas. Solo un hombre respirando el aire comprimido que necesita, en el preciso momento en que lo necesita.
Los hombres-pez relata cómo llegó Cousteau a este momento. Comienza años atrás, cuando descubre los lentes submarinos en las aguas de Le Mourillon y comprende que sus ojos, casi ciegos en el agua, pueden abrirse a un mundo vegetal de algas verdes, pardas y plateadas, habitado por peces desconocidos. Allí conoce a Frédéric Dumas, que usa aletas de goma y un ingenioso tubo de respiración hecho con una manguera de jardín. Juntos se sumergen una y otra vez, aprendiendo con cada inmersión, cazando peces con ballestas y arpones, descubriendo que los peces aprenden a defenderse de los cazadores submarinos.
Con Tailliez y Dumas, forma un equipo que transforma la caza submarina en una pasión obsesiva y, sin saberlo, en los precursores de una revolución. El aqualung, diseñado por Cousteau y Émile Gagnan, es la llave que abre el cofre maravilloso del mar. Pero antes de hablar de cifras, hay un momento simple: un hombre bajo el agua, respirando con naturalidad, observando cardúmenes de sargos y cavernas llenas de langostas, experimentando la libertad de nadar sin ataduras.
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