Una investigación exhaustiva sobre el pillaje de arte perpetrado por los nazis en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. A través del análisis de grandes colecciones desaparecidas —las de Rosenberg, Rothschild, Bernheim-Jeune y otros…
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Una investigación exhaustiva sobre el pillaje de arte perpetrado por los nazis en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. A través del análisis de grandes colecciones desaparecidas —las de Rosenberg, Rothschild, Bernheim-Jeune y otros destacados marchantes y coleccionistas judíos— se reconstruye cómo funcionaba la maquinaria sistemática de confiscación, y se rastrea el paradero de decenas de miles de obras que permanecen extraviadas hasta hoy en el mercado internacional del arte.
En el convulso mes de junio de 1940, mientras el ejército alemán ocupa París, dueños de galerías y coleccionistas franceses bajan rápidamente de las paredes cuadros de Vermeer, Rembrandt, Van Gogh y Picasso. Los enrollan, los colocan en cajas, los esconden en lugares que creen seguros. Temen los bombardeos, el fuego cruzado; no sospechan aún el plan secreto que Hitler y su régimen ya han puesto en marcha.
Este es un ensayo y una investigación sobre uno de los capítulos más sistematizados del expolio de la guerra: cómo los nazis saquearon miles de colecciones públicas y privadas en toda Europa ocupada, sustrayendo millones de obras de arte, libros, manuscritos y objetos de incalculable valor que permanecen desaparecidos hasta hoy.
El autor ha dedicado ocho años a rastrear algunas de esas piezas perdidas. Se concentra en las confiscaciones de colecciones privadas judías francesas: Paul Rosenberg, Rothschild, Bernheim-Jeune, Fritz Gutmann, Alphonse Kann y otros. Estas confiscaciones no fueron depredaciones al azar: obedecían a un esquema oficial, metódico, supervisado por Herman Goering, el mariscal del Reich y fervoroso coleccionista.
El libro describe la máquina de saqueo: delatores señalaban a los poseedores, nazis empleaban historiadores y expertos para catalogar y transportar obras, el museo del Jeu de Paume fue centro de acopio, trenes las enviaban a Alemania, ventas forzosas circulaban en mercados suizo y parisino.
Pero también indaga dónde fueron a parar esas obras después de la guerra, cómo pasaron a través de marchantes, casas de subastas, museos y expertos que, consciente o inconscientemente, las incorporaron al circuito internacional del arte europeo y norteamericano. De las cien mil obras robadas en Francia, entre veinte mil y cuarenta mil siguen desaparecidas: el museo perdido al que alude el título.
La investigación sitúa este expolio en su contexto histórico más amplio: la obsesión personal de Hitler y Goering por el arte y la belleza, paralela a su responsabilidad en el Holocausto. Revela cómo es posible ser amante de Vermeer y Rembrandt y a la vez arquitecto de genocidio; cómo la sensibilidad estética no redime ni protege de la capacidad para cometer actos inhumanos.
Se trata de una reconstrucción meticulosa, anclada en detalles que hablan de lo banal del mal: memorandos, inventarios, traslados de obras, negociaciones, complicidades, omisiones. Un proyecto que los Aliados consideró delito de guerra en los juicios de Núremberg y que sigue siendo, en muchos aspectos, una historia inconclusa.
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