La carretera desciende hacia Nogales, Arizona, y de repente surge ante el viajero una valla cobriza que atraviesa las colinas como una serpiente. Es la frontera entre Estados Unidos y México.
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La carretera desciende hacia Nogales, Arizona, y de repente surge ante el viajero una valla cobriza que atraviesa las colinas como una serpiente. Es la frontera entre Estados Unidos y México. Un historiador decide recorrer más de diez mil millas para rastrear la presencia hispana en Estados Unidos, una historia que ha sido marginada durante siglos. A través de su propia trayectoria familiar, de sus raíces italoamericanas y su trabajo académico sobre el Caribe, emprende una investigación que desafía la narrativa dominante del excepcionalismo americano.
En la pequeña ciudad de Dalton, Georgia, el autor vivenció en los años noventa una transformación demográfica radical. Cuando ingresó a la secundaria, el alumnado era mayoritariamente angloparlante. Al graduarse, los anuncios matutinos se hacían en inglés y español. Miles de trabajadores mexicanos y sus familias se trasladaron para trabajar en las fábricas de alfombras que dominaban la economía local.
Esa vivencia, combinada con la formación académica sobre la historia colonial de Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico, y dos décadas viviendo en Londres —una de las ciudades más multiculturales del mundo—, llevó al autor a emprender una investigación exhaustiva sobre la historia hispana en Estados Unidos. La brecha entre la realidad y la narrativa pública se hizo evidente durante las elecciones presidenciales de 2012, cuando el lenguaje mediático sobre los hispanos seguía reproduciendo retóricas de más de una década atrás, ignorando un pasado compartido mucho más complejo.
Este libro se propone ofrecer sentido histórico a más de dos siglos de guerras, leyes y actitudes sociales que han moldeado la condición contemporánea de los hispanos. El autor es consciente de su propia paradoja: él, un hombre blanco de clase media con apellido anglosajón, tuvo acceso a oportunidades que sus compañeros mexicanos de Dalton no tuvieron, a pesar de que su familia también era de inmigrantes recientes. Su abuela llegó de Italia sin hablar inglés, pero su nombre anglosajón lo protegió de las indignidades que sufrían quienes llevaban nombres hispanos.
Para comprender esta historia, el autor recorrió más de diez mil millas desde Florida hasta el noroeste de Canadá, visitando camiones de tacos, colecciones especiales de bibliotecas universitarias, parques nacionales y monumentos históricos. El viaje comienza en la frontera de Nogales, Arizona, donde una valla cobriza recuerda la larga y conflictiva historia entre dos naciones. Desde allí explora cómo la creación de categorías raciales, el lenguaje y la pertenencia nacional han moldeado la experiencia hispana en un país que ha ignorado o marginalizado la parte española de su propia historia, una presencia que antecede siglos a la llegada de los peregrinos.