En octubre de 1928, en una residencia eclesiástica madrileña, Josemaría Escrivá tiene una visión que origina el Opus Dei. Esta obra propone alcanzar la santidad mediante la vida profesional ordinaria, no el retiro del mundo.
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En octubre de 1928, en una residencia eclesiástica madrileña, Josemaría Escrivá tiene una visión que origina el Opus Dei. Esta obra propone alcanzar la santidad mediante la vida profesional ordinaria, no el retiro del mundo. Desde sus modestos comienzos en un piso de Madrid, la organización creció bajo el franquismo y expandió su influencia en las esferas eclesiásticas, políticas y económicas. El texto recorre cómo una visión mística se transformó en una institución global que genera interrogantes sobre su verdadera naturaleza.
La mañana del 2 de octubre de 1928 marca un punto de inflexión en la historia religiosa contemporánea. En una residencia eclesiástica de Madrid, el joven sacerdote Josemaría Escrivá experimenta una visión que lo convence de una verdad reveladora: la santidad no requiere apartarse del mundo, sino penetrarlo con fe a través del trabajo cotidiano. Con esta idea germinal, funda el Opus Dei en el corazón de la España convulsa de los años treinta, cuando la laicización y el anticlericalismo avanzan sobre el país. Los primeros miembros se reúnen en un modesto piso compartido por Escrivá y su familia, formando pequeños círculos de estudio y reflexión que poco a poco se expanden. La guerra civil española dispersa a la joven organización, pero tras la victoria franquista, Escrivá retorna a Madrid y reanuda su proyecto con renovado vigor. Lo que comienza como una asociación de laicos y clérigos se transforma gradualmente en una estructura institucional compleja, con jerarquías bien definidas y objetivos ambiciosos que trascienden lo meramente espiritual. En 1947, el papa Pío XII promulga documentos que abren el camino legal para que la Obra se constituya como instituto secular. Años después, durante el Concilio Vaticano II, Escrivá observa con inquietud cómo la Iglesia se abre a reformas modernizadoras que él considera peligrosas. Su sucesor, Álvaro del Portillo, ejerce una diplomacia silenciosa que suaviza las asperezas del fundador y permite que la organización siga ganando influencia. En 1982, bajo el papado de Juan Pablo II, el Opus Dei logra el estatus de prelatura personal, una categoría jurídica casi singular. Con decenas de miles de miembros dispersos por el mundo, la organización desarrolla una presencia significativa en universidades, medios de comunicación, instituciones financieras y gobiernos. Este texto examina con detalle cómo una visión nacida de la fe se convierte en una estructura de poder, traza los perfiles de sus principales figuras, describe su arquitectura organizacional y explora las tensiones que surgen entre su proclamado mensaje de santidad en lo cotidiano y las acusaciones de elitismo y secretismo.