El libro abre con una carta de Julio A. Roca donde contempla la guerra como desenlace inevitable. Entre 1880 y 1916, Argentina experimentó la transformación que marcó la constitución definitiva de su Estado Nacional.
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El libro abre con una carta de Julio A. Roca donde contempla la guerra como desenlace inevitable. Entre 1880 y 1916, Argentina experimentó la transformación que marcó la constitución definitiva de su Estado Nacional. Este estudio examina el régimen político de ese período, cómo los líderes administraron reformas desde arriba y la tensión entre su liberalismo económico y su conservadurismo político. Culmina con la ley electoral de Sáenz Peña, reforma tardía que buscaba reconciliar la moral con la política.
Entre 1880 y 1916, Argentina experimentó la transformación que marcó la definitiva constitución de su Estado Nacional. Este libro examina los aspectos más significativos de la práctica política e institucional durante esas tres décadas, denominadas el régimen del ochenta. La narración comienza en 1880, cuando conflictos sangrientos conmovieron Buenos Aires. Poco después, la ciudad fue federalizada como Capital de la República. Treinta años más tarde, bajo Roque Sáenz Peña, se implementó una reforma política que culminaría en 1916, durante la celebración del Centenario. El propósito no es ofrecer una historia general, sino interpretar rasgos significativos tal como eran entendidos por los actores del período. El autor medita sobre la obra de Juan B. Alberbi para identificar la fórmula política que orientó el orden nacional: una concepción que combinaba valores liberales de progreso con una reflexión sobre la resistencia del poder tradicional ante la innovación. Los grupos dirigentes presentaban una contradicción fundamental: escépticos y conservadores en política, fueron liberales y progresistas ante la transformación social. Buscaban modernizar el país desde arriba, sin permitir que los cambios sociales arrebataran el poder de la élite gobernante. Este conservadurismo político convivía con un liberalismo económico que acarreó cambios espectaculares. El régimen del ochenta se sostuvo mediante el control riguroso del sufragio. Sin embargo, la acción de fuerzas sociales e ideológicas que operaban desde diferentes puntos del espacio político erosionó progresivamente su legitimidad. La oposición intransigente y los movimientos reformadores cuestionaron un orden construido sobre el fraude y la represión. La reforma electoral de Sáenz Peña fue la última respuesta a una pasión tenaz por el progreso. Aunque sus impulsores anticiparon resultados y tomaron precauciones, la historia revelaría sorpresas no previstas. Sin embargo, los valores que animaban a los reformadores triunfaron: Argentina transitó hacia nuevas fases de ciudadanía. El estudio examina cómo sobrevivió el régimen, cómo se erosionó su disciplina, y qué peripecias condujeron a su transformación. Es un diálogo entre lo singular y lo general, entre la acción de individuos y la estructura institucional.
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