Observamos que los seres vivos nacen siempre de otros semejantes: el ser humano del ser humano, la planta de su semilla, el polluelo del huevo. Pero cómo aparecieron los primeros antepasados de toda vida sigue siendo una pregunta central.
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Observamos que los seres vivos nacen siempre de otros semejantes: el ser humano del ser humano, la planta de su semilla, el polluelo del huevo. Pero cómo aparecieron los primeros antepasados de toda vida sigue siendo una pregunta central. Este tratado examina cómo materialismo e idealismo han respondido históricamente a esta pregunta, desde antiguas teorías sobre la generación espontánea hasta los descubrimientos modernos. Recorre la filosofía antigua, el cristianismo medieval y la ciencia del siglo XIX, trazando el conflicto entre la explicación religiosa de un acto divino creador y la materialista, basada en leyes naturales cognoscibles y transformables.
Cuando observamos la naturaleza, vemos que los seres vivos nacen siempre de otros semejantes: el ser humano del ser humano, la planta de su semilla, el polluelo del huevo. Pero nuestro planeta tiene un origen, y surge la pregunta fundamental: ¿cómo aparecieron los primeros antepasados de toda vida? Este tratado recorre cómo dos concepciones irreconciliables del mundo han respondido históricamente a esta pregunta a través de los siglos. El idealismo, en sus formas religiosas y filosóficas, ha visto siempre en la vida una manifestación de un principio espiritual, una chispa divina que anima la materia inerte. La religión cristiana, como todas las religiones, ha enseñado que Dios creó de golpe y de forma acabada todos los seres vivos que pueblan la Tierra. El materialismo, en cambio, sostiene que la vida es una forma especial de la materia que se origina y se destruye según leyes naturales cognoscibles y observables. La obra traza este conflicto desde las antiguas creencias en la generación espontánea de insectos y gusanos surgidos del barro y estiércol, pasando por Platón y Aristóteles cuyas doctrinas moldearon dos mil años de pensamiento medieval, hasta los descubrimientos científicos del siglo XIX. Con Darwin, Timiriázev y los hermanos Kovalevski, la ciencia reveló que los seres vivos no surgieron de golpe sino en desarrollo gradual desde formas más simples y primitivas. Así, la ciencia materialista convirtió lo que la religión presentaba como un misterio inaccesible en un problema soluble, comprendible y susceptible de transformación consciente.
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