Milton Bryan es degradado y expulsado de las Milicias Espaciales tras ser acusado de mentir sobre un planetoide descubierto durante una misión. La computadora central de su nave dio información contradictoria, pero el jurado no le creyó.
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Milton Bryan es degradado y expulsado de las Milicias Espaciales tras ser acusado de mentir sobre un planetoide descubierto durante una misión. La computadora central de su nave dio información contradictoria, pero el jurado no le creyó. Años después, recuperado por la amistad de Mike, vuelve al espacio como piloto de una vieja nave carguera. Un ataque pirata le permitirá redimirse, usando los sistemas defensivos que él mismo instaló.
La sentencia cae como un golpe. El Comandante Supremo de las Milicias Espaciales anuncia la degradación inmediata de Milton Bryan: expulsión, pérdida de credenciales, cierre de toda posibilidad de carrera dentro de la Confederación. Su crimen: haber reportado un planetoide encontrado durante una misión espacial sin las debidas coordenadas en la computadora central de la nave Sideral.
Lo que nadie quiso creer entonces fue la verdad: la computadora se había vuelto loca, alternando entre advertencias de peligro inminente y la negación de su propia información. Un crucero exploratorio fue destruido, cinco tripulantes murieron, pero en la memoria de la computadora no quedó registro alguno. Para el Mando Supremo, la culpa era clara: el comandante falló.
Los años siguientes resultan corrosivos. Bryan cae en la soledad de un pequeño habitáculo, alimentado por licores y recuerdos. Piensa en Tania, la brillante oficial que declaró en su favor, ahora ascendida a comandante del Sideral. La amistad y la camaradería del espacio parecen perdidas para siempre.
Ences llega Mike, su antiguo compañero de combate en la guerra contra los mundos de Vega. Tiene una vieja nave llamada Australia —una reliquia de comienzos del siglo XXI— y necesita un piloto. No es caridad: es una oportunidad real. Bryan acepta, y con ella regresa la esperanza, el propósito, la razón de estar en el espacio.
Juntos transforman el Australia. Bryan instala innovaciones, amplia su velocidad a tres velocidades de luz, pero sobre todo añade un secreto: capacidad de combate. Un cañón de protones se oculta en el fuselaje, invisible a los escaneos superficiales.
Cuando los piratas espaciales de una nave delta atacan en el vacío, creyendo que el carguero es una presa fácil, descubren la trampa. Bryan, con la frialdad de quien ha sido entrenado para todo, mantiene la serenidad. Deja que se acerquen, que gasten su energía en protecciones, que bajen sus defensas por cansancio. Un único disparo limpio del cañón de protones convierte su nave en una bola de fuego que ilumina la negrura del espacio. Una redención silenciosa, sin palabras, en el vacío.
Pero mientras Bryan y Mike duermen tras el combate, a miles de kilómetros, la poderosa nave Ontarios se acerca lentamente al misterioso planetoide. Los sensores trabajan al máximo, los espectrogafos se calibran. El misterio que destruyó la carrera de Bryan está a punto de ser desvelado.