Un joven aguarda ansioso en la estación de metro de Toronto. Le tiemblan las manos de frío mientras cuenta los minutos para llegar a casa de Coreen, su novia. En el túnel oscuro, pasos pesados se aproximan desde la obscuridad.
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Un joven aguarda ansioso en la estación de metro de Toronto. Le tiemblan las manos de frío mientras cuenta los minutos para llegar a casa de Coreen, su novia. En el túnel oscuro, pasos pesados se aproximan desde la obscuridad. Lo que comienza como una espera frustrada termina en tragedia. Poco después, Victoria Nelson, expolicia convertida en investigadora privada, descubre un cuerpo destrozado. Su garganta está desgarrada, los ojos abiertos en terror. Lo que parecería un crimen ordinario la arrastra nuevamente hacia el mundo que abandonó.
Una noche de domingo en el metro de Toronto. Ian aguarda con impaciencia en el andén, preso de la urgencia. Tiene apenas trece minutos para llegar a casa de Coreen, su novia, cuyo temperamento volátil es tanto un reto como una atracción. El reloj marca las 12:17. El metro no llega. A las 12:20, aún esperando, percibe un olor extraño que emana del túnel oscuro. Luego escucha pasos. Pesados, deliberados, que avanzan directamente hacia él. En el silencio de la medianoche, la adrenalina inunda su cuerpo, cada segundo dilatándose como una hora. No se vuelve lo suficientemente rápido.
Pocos minutos después, Victoria Nelson desciende del autobús. Es una mujer que ha dejado la policía hace ocho meses, ahora investigadora privada, aún lidiando con las cicatrices de su partida. Cuando escucha un grito ahogado que se corta en seco, su instinto la arrastra hacia el peligro. Sabe que no debería hacerlo. Sabe que no tiene arma, no tiene respaldo, no tiene autoridad. Pero desciende igual.
Lo que encuentra es un cadáver destrozado. La garganta desgarrada como papel, los ojos abiertos en terror perpetuo, sangre que mancha los azulejos naranja de la estación. Vicki comprende de inmediato que no se trata de un crimen ordinario. Ninguna criatura conocida pudo infligir semejante daño con tal velocidad y ferocidad. Sin pensar, salta a las vías en el preciso instante en que el tren entra en la estación. Cubre el cuerpo con su abrigo, intercepta el metro. Su antiguo mundo la reclama.
Cuando llega Homicidios, Vicki se ve cara a cara con Mike Celluci, detective cuya relación con ella fue tan intensa como fallida. Entre ellos flota una competencia no declarada. Mientras los policías recopilan evidencia, algo la inquieta profundamente. Las huellas conducen desde el cadáver hasta el andén sur y allí se detienen. En el túnel oscuro, donde ella sintió presencia de algo esperando, acecha la verdadera respuesta. El misterio que comienza esa noche irá mucho más allá de lo imaginable.
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