Una investigación sobre la barriada del Príncipe Alfonso en Ceuta, enclave fronterizo donde convergen pobreza extrema, marginación institucional y radicalización yihadista.
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Una investigación sobre la barriada del Príncipe Alfonso en Ceuta, enclave fronterizo donde convergen pobreza extrema, marginación institucional y radicalización yihadista. El autor adentra en este territorio abandonado a través de encuentros en teterías, testimonios de vecinos y el análisis de cómo jóvenes desencantados son captados por reclutadores del Estado Islámico. Un retrato que desafía la ficción televisiva con la crudeza de una realidad olvidada por el Estado español.
En una tetería del Príncipe Alfonso, mientras los vecinos observan los informativos sobre el atentado a Charlie Hebdo, el autor escucha voces que niegan la versión oficial, que celebran la violencia o que cuestionan sus propias identidades en los márgenes del Estado español. Desde esta escena inicial, el libro se adentra en una investigación profunda sobre cómo un barrio de quince mil habitantes, casi totalmente musulmán, se ha convertido en el foco principal de radicalización yihadista en España.
El Príncipe es retratado como un territorio paradójico: un enclave físicamente integrado en Ceuta pero socialmente desconectado, donde el analfabetismo ronda el noventa por ciento, el desempleo supera el sesenta y cinco por ciento, y tres mil personas carecen de documentación. Sus callejuelas laberínticas, el chabolismo y la ausencia casi total de presencia institucional crean el caldo de cultivo perfecto para que los reclutadores operen con libertad, seleccionando jóvenes sin esperanza a los que ofrecen dinero, aventura y pertenencia en nombre de una causa mayor.
A través de historias concretas —un adolescente seducido por la yihad, un hermano asesinado en ajustes de cuentas entre bandas, un activista que intenta cambiar el barrio desde una pequeña oficina, una viuda cuyo marido fue el primer yihadista español muerto en Siria—, el autor desentraña cómo la marginación económica y cultural se entrelaza con el discurso fundamentalista importado principalmente de Marruecos, creando una atmósfera donde las narrativas de radicalización encuentran eco.