Daisy Peasly, una joven de veinte años que sueña con historias de amor, presencia en la regata de Oxford y Cambridge en el Támesis un cruce de miradas que la estremece.
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Daisy Peasly, una joven de veinte años que sueña con historias de amor, presencia en la regata de Oxford y Cambridge en el Támesis un cruce de miradas que la estremece. Bradley Montagu, conde de Pembroke, regresa a Londres tras años de exilio en Francia, obligado por la muerte de su padre a asumir un patrimonio en crisis. Cargando heridas del pasado y una coraza de indiferencia, su encuentro con Daisy amenaza con resquebrajar el equilibrio que ambos han construido.
La regata de Oxford contra Cambridge en el Támesis de marzo de 1866 reúne a la sociedad londinense en espera de un espectáculo de fuerza y lealtad. Daisy Peasly, una joven de veinte años recién presentada en sociedad, asiste como acompañante de su futuro cuñado, el marqués de Bloodworth. Entre los remeros de los Dark Blues descubre a un hombre cuya presencia la desestabiliza desde el instante en que sus ojos se encuentran. En esa fracción de segundos cargada de significado, Daisy siente algo que jamás había experimentado: una turbación profunda que desmorona todas sus expectativas románticas preconcebidas. Ese hombre es Bradley Montagu, el conde de Pembroke, quien ha regresado a Londres tras dos años en el continente. Su partida fue consecuencia del dolor causado por su padre, y su regreso obedece a la muerte de este. No vuelve como el joven que se fue herido, sino como el nuevo titular de un condado que atraviesa una crisis económica seria. Las finanzas que su padre dejó están comprometidas, y Bradley debe dedicar cada hora a restaurar lo que se perdió, dejando poco lugar para los sentimientos que lo distraigan. Daisy se pierde en las novelas que lee, en historias donde el amor es arrebatador y todopoderoso. Bradley aprendió años atrás a desconfiar de tales sentimientos. Un romance de juventud que su propio padre destruyó le enseñó que la pasión es un lujo que no puede darse. Cuando Esther, la mujer de quien estaba enamorado, fue alejada de su vida mediante maniobras paternas y se casó con otro, Bradley selló su corazón tras muros de indiferencia. Pero esa mirada en la regata amenaza con desmoronar la fortaleza que construyó. Bradley advierte el peligro: una joven que lo despierta de una letargía emocional en la que se ha sumido. Ella siente la intensidad de esa conexión sin poder nombrarla. A medida que Daisy navega su temporada social con bailes y recepciones, y Bradley se concentra en negocios de vino y reformas agrícolas para salvar su patrimonio, ese vínculo invisible que nació en la orilla del río continúa tirante, cargado de promesas y amenazas. La sociedad victoriana que los rodea dicta claramente lo que espera: que ella se case según su rango, que él busque una esposa que le dé herederos. Los corazones, sin embargo, rara vez obedecen lo que la etiqueta prescribe.