Bajo el sol abrasador de agosto de 1578, tras una batalla devastadora en territorio marroquí, un rey herido de muerte yace abandonado entre los cadáveres. Su leal compañero, disfrazado de enemigo, le entrega el Sello Real antes de huir.
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Bajo el sol abrasador de agosto de 1578, tras una batalla devastadora en territorio marroquí, un rey herido de muerte yace abandonado entre los cadáveres. Su leal compañero, disfrazado de enemigo, le entrega el Sello Real antes de huir. Pero un caudillo marroquí ve en su supervivencia una oportunidad política: ocultarlo en el desierto puede evitar que su enemigo Felipe II unifique España y Portugal bajo un solo poder.
Agosto de 1578. Un paisaje de desolación marca el final de la batalla de Alcázarquivir. Entre los cadáveres esparcidos bajo un sol de fuego, un hombre ensangrentado yace esperando la muerte. Es el rey Sebastián I de Portugal, derrotado tras su invasión de Marruecos.
Su fiel Aníbal, quien lo ha acompañado en todos sus días —su doble, su sombra— se niega a cumplir la última orden de su señor: acabar con su sufrimiento. En cambio, le entrega el Sello Real y desaparece entre las sombras, disfrazado con las ropas de un guerrero marroquí, dispuesto a ocultarse entre los enemigos.
Cuando el rey es hallado por los merodeadores beduinos, no es para rematarlo, sino para presentarlo ante Muley Ehssan, Señor de Marrakech. Este hombre sabio ve más allá del simple triunfo militar. Comprende que la muerte de Sebastián podría desencadenar una cadena de eventos desastrosa: el trono de Portugal pasaría a manos de Felipe II de España, el «Azote de herejes», cuyo imperio ya se extiende por todo el mundo conocido. Con Portugal bajo su dominio, Felipe se volvería prácticamente invencible.
Es así que Muley Ehssan confía al caudillo beduino Suleimán Mokdad una misión peligrosa: transportar al rey vivo hacia el más remoto oasis del desierto, mantenerlo oculto del mundo, evitar que nadie descubra su identidad ni su existencia. Un tesoro viviente guardado en la arena, una carta política que puede cambiar el destino de imperios.
La novela teje una trama de aventura e intriga política, donde la lealtad, la ambición y el destino convergen en las arenas de Marruecos. En sus páginas palpitan personajes entre la realidad y la ficción, figuras que trascienden el polvo de la historia para cobrar vida propia.