John Sessions acelera los caballos de su carromato, ansioso por llegar a su casa en el valle del Brush Creek después de vender ganado en Abilene. Desde la cima de una elevación ve el horror: la casa convertida en escombros humeantes, y…
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John Sessions acelera los caballos de su carromato, ansioso por llegar a su casa en el valle del Brush Creek después de vender ganado en Abilene. Desde la cima de una elevación ve el horror: la casa convertida en escombros humeantes, y junto a ella descubre los cuerpos de su esposa Sally y de sus dos hijos. Lo que parecía un ataque indio ocultaba una verdad más oscura: fueron hombres blancos quienes masacraron a su familia y robaron los tres mil dólares enterrados en el sótano. Sessions inicia una búsqueda de venganza implacable, jurando que sus asesinos no morirán fácilmente.
John Sessions regresa a su rancho en Kansas tras un viaje exitoso a Abilene, donde ha vendido ganado por tres mil dólares que guardó enterrado en el sótano de su casa. En la cima de una loma, descubre una tragedia irreversible: la casa es un montón de escombros humeantes. Entre los restos encuentra el cuerpo de su esposa Sally, con la cabellera arrancada; junto al granero yace Joe Harris, su empleado de confianza, también con la cabellera mutilada; y detrás del granero están sus dos hijos, John de ocho años y Frankie de seis, torturados antes de ser asesinados.
La primera suposición de Sessions es que se trata de un ataque indio, cada vez más frecuente en la región. Pero mientras examina las huellas de los caballos de los atacantes, descubre algo que cambia todo: las pezuñas han sido alteradas y limadas deliberadamente, demasiado regularmente para ser naturales. Los asesinos no eran indios salvajes, sino hombres blancos que fingieron un ataque indígena.
Sessions entiende entonces cómo sucedió todo. Alguien en Abilene reveló con demasiadas copas la existencia de su dinero. Los criminales torturaron a sus hijos para obligar a Sally a confesar dónde estaba guardado. Una vez robado el dinero, asesinaron a su familia y les arrancaron las cabelleras para sembrar la culpa entre los indios.
Tras enterrar a los suyos, Sessions localiza el rastro de los tres asesinos y lo sigue hacia Fort Hays. Su búsqueda de venganza apenas comienza, decidido a que los hombres que masacraron a su familia no mueran rápidamente, sino que sufran tanto como sufrieron sus víctimas.
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