Un detective privado envejecido se despierta de una pesadilla donde alguien lo amenaza de muerte. En su barrio santiaguino, entre cafés y apuestas hípicas, un cliente lo contrata para buscar a su padre desaparecido en un asilo de ancianos.
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Un detective privado envejecido se despierta de una pesadilla donde alguien lo amenaza de muerte. En su barrio santiaguino, entre cafés y apuestas hípicas, un cliente lo contrata para buscar a su padre desaparecido en un asilo de ancianos. Lo que comienza como una investigación de rutina se convierte en una indagación que reclama respuestas sobre los propios orígenes del detective.
Atado a una cama de hospital, entre luces azules y goteros, el detective Heredia despierta aterrado de una pesadilla donde un extraño lo amenaza con una pistola. Su rostro envejecido le anuncia lo que intuye: que está muriendo. Despierta en su dormitorio santiaguino, aún obsesionado por esa visión, y conversa con Simenon, su gato parlante, quien lo empuja a abandonar el departamento de la calle Aillavilú. Su mundo es el de un investigador privado de casi cincuenta años que sobrevive entre apuestas hípicas, trabajos esporádicos y la soledad de una oficina donde apenas llegan clientes. Camina por su barrio visitando al quiosquero Anselmo, entra al bar City donde una adivina le lee las cartas y pronuncia una verdad incómoda: no es el misterio ajeno el que lo atormenta, sino el propio, el de su padre desaparecido. Heredia rechaza la intrusión en sus heridas, pero la semilla ya está plantada. Esa tarde entra a su oficina Julio Servilo, un hombre que regresa del exilio alemán después de treinta años. Servilo busca a su padre, Gabriel Servilo Meza, de ochenta y dos años, quien hace meses abandonó su departamento para ingresar en un asilo de ancianos. El encargo parece simple: localizar a un viejo en una ciudad llena de hogares para ancianos. Heredia acepta el trabajo. Lo que ninguno de los dos sabe aún es que esta búsqueda del padre ajeno terminará tocando los territorios oscuros de la propia memoria del detective, donde la ausencia de su padre y la imagen de su madre muerta —una mujer de veinticinco años cuya única herencia fue una Biblia desgastada— esperan desde hace décadas.