En el desierto de Umbror, dos soldados de un ejército derrotado avanzan entre las sombras de la noche. El médico Haladdin, herido por una flecha envenenada, lucha contra la muerte mientras su compañero, el sargento Tserleg, lo guía entre…
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En el desierto de Umbror, dos soldados de un ejército derrotado avanzan entre las sombras de la noche. El médico Haladdin, herido por una flecha envenenada, lucha contra la muerte mientras su compañero, el sargento Tserleg, lo guía entre las arenas hostiles. Atrás quedan los escombros de Torreumbría, la ciudad de los poetas y académicos que desafió a la magia ancestral con la razón, y que ahora yace bajo el yugo de los vencedores.
Cuando el cielo nocturno del desierto de Umbror se tiñe de un color que parece mezcla de sangre y pus, dos figuras avanzan por las arenas hostiles. Haladdin, médico de Torreumbría, y Tserleg, sargento orocueno de un ejército derrotado, son los restos de una civilización que se atrevió a desafiar los antiguos órdenes del mundo.
Torreumbría, erigida seis siglos atrás en los llanos de Umbror, fue una ciudad donde académicos, poetas, mecánicos y filósofos construyeron una civilización distinta, basada en el conocimiento racional y el rechazo de los antiguos poderes mágicos. Había prosperado gracias a la alianza de tres pueblos: los orocuenos nómadas, los trolls mineros de las Montañas Cenicientas y los comerciantes de Opar.
Pero la guerra ha llegado con toda su furia. Los elfos y sus aliados han arrasado los ejércitos de Umbror. El hospital de campaña fue destruido, los sobrevivientes deportados, las defensas perdidas. Ahora Haladdin y Tserleg escapan perseguidos por el envenenamiento de una flecha élfica que el médico no logra identificar, cargando con el conocimiento de que todo lo que defendían ha caído.
Mientras Haladdin delira entre el dolor y la fiebre, recordando los días en la universidad, los festines donde debatían sobre ciencia y poesía, su compañero lo mantiene con vida a través del ingenio de artesano. Tserleg no es un soldado de carrera, sino un orocueno que prefería los trabajos de construcción a la cría de ganado, que aprendió a levantar los tsandois, depósitos de agua que permiten la vida en el desierto.
La novela comienza en el momento de la derrota, en el viaje de dos hombres que cargan con los restos de una civilización caída. No es un canto de gloria ni una promesa de esperanza, sino el retrato de lo que significa vivir después de que todo ha sido arrebatado.