Santiago de Leñanza regresa a España en 1833 tras más de una década de exilio forzoso en Portugal. La muerte de Fernando VII abre la amnistía para los liberales condenados.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Santiago de Leñanza regresa a España en 1833 tras más de una década de exilio forzoso en Portugal. La muerte de Fernando VII abre la amnistía para los liberales condenados. Vuelve a pisar el palacete de Montefrío, pero su reintegración se complica por la ausencia de sus hijos y los cambios revolucionarios que transforman la Marina. Mientras la Primera Guerra Carlista ensangrienta el territorio, la Armada afronta su mayor desafío: la transición de la navegación a vela hacia la era del vapor.
Santiago de Leñanza, jefe de escuadra de la Real Armada, regresa a España el primero de octubre de 1833 tras cruzar la raya portuguesa con su esposa Leonor. Más de una década atrás, condenado a muerte junto a otros oficiales liberales, había sido forzado a huir a bordo de la fragata francesa Aurore. Ahora, tras la muerte fulminante del monarca Fernando VII y la firma de la amnistía por la Reina Gobernadora María Cristina, Leñanza puede volver a pisar las tierras de su patria.
Al regresar a la Corte y al palacete de Montefrío, la sede ancestral de la familia, experimenta una mezcla contradictoria de emociones: la satisfacción de reencontrar el hogar y la soledad provocada por la ausencia de los suyos. Su hijo Francisco, teniente de navío, permanece embarcado en la fragata Lealtad tras recuperarse de un grave accidente. Su hija María reside en Cádiz bajo el cuidado de su hermana Rosalía. Su cuñado Beto ha abandonado la actividad militar, y la familia entera parece dispersa por las aguas y tierras peninsulares. Solo su fiel criado Barbate, un marinero mutilado al que Leñanza acogiera años atrás, permanece a su lado.
En este contexto de recomposición personal y política, la Armada española afronta un cambio decisivo: la transición hacia sistemas de propulsión mecánica. Durante décadas, las velas y los aparejos de madera han gobernado los mares españoles. Ahora, el Royal William, un vapor de ruedas de construcción canadiense recientemente adquirido por la Marina y rebautizado como Isabel II, representa el primer paso hacia una nueva era. Los oficiales de la Armada, formados en tradiciones centenarias, deben aprender a confiar en máquinas y calderas en lugar de vientos favorables. El cambio no será inmediato ni exento de resistencias, pero la Primera Guerra Carlista, que divide España entre liberales y absolutistas, hace patente la necesidad de una Marina moderna capaz de patrullar las aguas peninsulares.