Ona Friesen busca a un maestro mientras caminan entre las sombras del atardecer para pedirle que redacte un documento de las asambleas convocadas.
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Ona Friesen busca a un maestro mientras caminan entre las sombras del atardecer para pedirle que redacte un documento de las asambleas convocadas. Desde 2005, mujeres y niñas de su colonia menonita despertaban golpeadas y sangrando, anestesiadas durante la noche. La comunidad culpó a fantasmas, demonios y después a ellas mismas. Ahora ocho hombres han sido condenados. Las mujeres tienen dos días para decidir si los perdonan—permaneciendo en la comunidad—o si parten solas hacia un mundo desconocido. Ona pide que alguien escriba lo que ellas digan, aunque ellas mismas no sepan leer. Una novela sobre el acto de testimoniar cuando el silencio ha sido impuesto.
August Epp, expulsado de la colonia menonita Molotschna en su infancia tras la excomunión de sus padres, regresa años después como maestro, alojado temporalmente en un cobertizo. Ona Friesen le pide que redacte las actas de asambleas organizadas por las mujeres de la colonia en junio de 2009. Mientras caminan entre las sombras buscando el sol, Ona le cuenta de un juego que presenció entre una ardilla y un conejo al amanecer, una evasión que ella fue la única en ver. Desde 2005, mujeres y niñas de Molotschna se despiertan sangrando y amoratadas tras noches donde caen en un sueño forzado provocado por anestésico para animales. Durante años, la comunidad atribuyó estas violaciones a castigos divinos, a posesiones demoníacas, o simplemente a mentiras femeninas que encubrían adulterios. Algunos creyeron que era fruto de una imaginación desbocada. La colonia menonita, autárquica y rigidamente patriarcal, intenta resolver lo sucedido a través de su propia ley: perdón y redención dentro de la comunidad. Ocho hombres han sido identificados y condenados. Mientras aguardan juicio, la colonia espera que las mujeres que crecieron bajo el mismo techo que sus agresores elijan perdonarlos para que todos puedan salvarse juntos. Si no perdonan, tendrán que partir hacia el mundo exterior desconocido, solas, sin idioma, sin educación, sin nada. Las asambleas reúnen a las principales familias femeninas: las Loewen y las Friesen. Mientras Agata y Greta debaten opciones—quedarse y luchar, irse, o no hacer nada—, August redacta sus palabras, sus silencios, sus dibujos explicativos, porque estas mujeres no saben leer ni escribir. A través de sus voces, entre acusaciones mutuas y solidaridades cambiantes, emergen las grietas de una sociedad que ha silenciado a quienes verdaderamente sufrieron. La novela es un acto de imaginación femenina donde se documenta finalmente lo que ellas tienen que decir.