Entre las sábanas de su amante, Javier escucha palabras que presagiaban llegar más tarde o más temprano: «Si a mi regreso no hay un cambio, no seguiré perdiendo el tiempo.
Descargar
Entre las sábanas de su amante, Javier escucha palabras que presagiaban llegar más tarde o más temprano: «Si a mi regreso no hay un cambio, no seguiré perdiendo el tiempo.» Ocho años de relación oculta se desmoronan en la noche en que Lidia parte a México con un ultimátum, dejándolo solo con su matrimonio sin pasión, su hija que se muda a Nueva York, y una soledad real por primera vez en su vida. A los cincuenta, debe enfrentar la verdad que ha postergado: nada regresa.
Javier la observa mientras ella se cubre con la sábana. Acaba de amanecer la tarde en que su vida se resquebraja. Lidia, su amante durante ocho años, le comunica que ha aceptado un papel en una película que se rueda en México. Partirá el domingo. No es el viaje lo que duele, sino lo que viene después: un ultimátum velado en palabras cuidadosas. «Si a mi regreso no hay un cambio, no seguiré perdiendo el tiempo.»
Javier es un hombre atrapado en la inercia de sus propias decisiones. A los cincuenta años, su matrimonio con Marcela se ha convertido en una coexistencia sin textura: ni gritos ni intimidad, solo el peso compartido de una hija en común y la costumbre que imita la lealtad. Lidia fue su respuesta a ese vacío, la promesa de que la vida podía ofrecer algo más allá de la rutina y el horario de oficina. Pero ocho años después, ella no quiere ser la otra.
Con la boda de Susana llega el quiebre definitivo. Su hija se irá a Nueva York. Marcela desaparece a Río con amigas. Lidia se marcha a México. Y Javier descubre, en cuestión de días, que será verdaderamente solo: sin rituales que lo estructuren, sin cuerpos que lo necesiten.
Esa noche, desde la acera, ve la luna llena: redonda, blanca, inalcanzable. Desde la infancia, ese astro le ha llenado de una melancolía indefinible, como si le pidiera algo que nunca supo cómo dar. Ahora, en este momento de quiebre, la luna se convierte en su testigo. Él proyecta en ella toda la culpa, toda la pregunta que no puede responder: ¿en qué momento dejé de ser el dueño de mi destino?
Esta es una novela que no promete redención ni grandes gestas. Solo observa, con serenidad, el instante en que un hombre ordinario se da cuenta de que el tiempo no espera, de que cada «después» llega como una deuda impaga, y de que la vida sigue su curso sin permitirle volver atrás para cambiar una sola decisión. Una meditación sobre la mediana edad, la responsabilidad postergada, y la imposible tarea de darle dirección a una existencia cuando ya se han gastado los años mejores.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.