En la madrugada, Castley se balancea en el tejado de una casa ajena mientras su hermano Caspar limpia un desagüe en secreto. Ella vive atrapada en una familia aislada, regida por un padre que predica la pureza absoluta y las uniones…
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En la madrugada, Castley se balancea en el tejado de una casa ajena mientras su hermano Caspar limpia un desagüe en secreto. Ella vive atrapada en una familia aislada, regida por un padre que predica la pureza absoluta y las uniones celestiales entre hermanos. Cuando asiste a la escuela, descubre lo aberrante de su mundo. En una madrugada roba una crema en una gasolinera para ayudar a su hermano Mortimer. Es un acto pequeño que marca el inicio de su búsqueda por recuperar lo que le arrebataron.
A las tres de la madrugada, Castley se balancea en el tejado de una casa ajena mientras su hermano Caspar limpia secretamente un desagüe. No es una tarea ordinaria, sino un acto de caridad que cree importante, aunque completamente ignorado por el mundo exterior. Pero Castley vive en un mundo radicalmente distinto al que Caspar intenta servir.
Es uno de los trillizos nacidos en el seno de una familia completamente aislada, bajo el dominio absoluto de un padre que ha tejido su propia religión privada: la convicción de que ellos son los únicos seres puros que quedan en la tierra. Su destino está predeterminado desde el nacimiento. Castley debe casarse celestialmente con su hermano Caspar, quien es la reencarnación de otro Caspar que murió años atrás. Su hermana Delvive con Hannan, y Jerusalem con Mortimer.
Todo cambia cuando la vida obliga a la familia a entrar en contacto con el mundo exterior. Castley es obligada a asistir a una escuela normal y, por primera vez, ve su realidad desde otro ángulo. Las enseñanzas de su padre—las uniones entre hermanos, el rechazo deliberado de la modernidad, la insistencia en la pureza absoluta—no son normales. Son aberrantes. Y lo más doloroso: ella desea con desesperación escapar de ellas.
Se siente completamente invisible ante los ojos del pueblo que rechaza sistemáticamente a su familia. Los maestros evitan deliberadamente mirar sus muñecas marcadas. Sus compañeros la empujan en los pasillos como si no existiera. Mientras chicas de su edad viven vidas que ella quisiera tener, permanece atrapada bajo las reglas sofocantes que su padre ha impuesto.
En una madrugada oscura, durante un acto pequeño de rebelión, roba una crema de una gasolinera para ayudar a su hermano Mortimer, quien ha besado a alguien y teme el castigo paternal. Es un gesto de desobediencia que marca el punto de quiebre entre la sumisión ciega y la búsqueda genuina de la libertad.