En febrero de 1821, el capitán Zimri Coffin avista un bote abandonado en el Pacífico con dos hombres que chupan el tuétano de los huesos de sus compañeros.
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En febrero de 1821, el capitán Zimri Coffin avista un bote abandonado en el Pacífico con dos hombres que chupan el tuétano de los huesos de sus compañeros. Así comienza la historia del Essex, barco ballenero de Nantucket hundido por un cachalote enfurecido. De veinte tripulantes, solo ocho sobrevivieron a una travesía de miles de millas que desafió los límites humanos. Este desastre marítimo inspiró la escena culminante de Moby Dick de Herman Melville.
En julio de 1819, el joven Thomas Nickerson, con apenas catorce años, sube a bordo del Essex en el puerto de Nantucket. El pequeño barco ballenero, viejo pero con fama de afortunado, representa para él la culminación de toda una vida de preparación en el mar. Nantucket era entonces el epicentro de una industria global: la captura de cachalotes para obtener su aceite, que iluminaba las ciudades y lubricaba las máquinas de la era industrial.
El Essex zarpó con veinte hombres bajo el mando del capitán George Pollard Jr., con Owen Chase como primer oficial. Su destino era el vasto Pacífico, donde miles de ballenas esperaban ser cazadas. Pero en febrero de 1821, a miles de millas de tierra firme, el Essex fue atacado por un cachalote de sesenta toneladas que embistió el casco del barco una y otra vez, hundiéndolo en cuestión de horas.
Sin agua potable, sin comida suficiente, expuestos al sol implacable del océano, los marineros enfrentaron condiciones que probaban los límites extremos de la resistencia humana. Meses después, el barco Dauphin rescataría a dos supervivientes después de haber navegado más de cuatro mil quinientas millas, una distancia que multiplicaba los viajes épicos de otros navegantes célebres como el capitán Bligh.
El hundimiento del Essex inspiró a Herman Melville para escribir Moby Dick, pero mientras que la novela terminaba con el naufragio, la historia real contenía capítulos aún más perturbadores. Durante ciento ochenta años, el relato del primer oficial Owen Chase fue la principal fuente sobre lo ocurrido. Solo décadas después, un cuaderno perdido permitió escuchar la voz del grumete Thomas Nickerson, quien en su vejez recordaba aquella travesía como si hubiera ocurrido ayer. Este libro teje ambos relatos, investigando la psicología del naufragio, el comportamiento de los cetáceos y la obsesión humana por dominar la naturaleza.
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