Roy Slater regresa a Kingdom County, Virginia Occidental, cuando se entera de que su padre moribundo de cáncer lo necesita. Hace veinticinco años, su hermano Archie asesinó a los padres de su novia y se suicidó en la cárcel, dejando una…
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Roy Slater regresa a Kingdom County, Virginia Occidental, cuando se entera de que su padre moribundo de cáncer lo necesita. Hace veinticinco años, su hermano Archie asesinó a los padres de su novia y se suicidó en la cárcel, dejando una mancha de sangre en la familia que nunca se limpió. Ahora Roy se reencuentra con su antiguo amor Lila Cutler y con Lonnie Porterfield, el nuevo sheriff, mientras un cadáver hallado en las colinas amenaza con reavivar las viejas heridas. En Kingdom County, las deudas de sangre no prescriben.
Roy Slater entra en la habitación de su padre. El olor a Vicks VapoRub flota en la penumbra donde Jesse permanece inmóvil frente a la hipnótica luz del televisor. Su padre murmura que todo es mentira. Roy sale de la casa respirando hondo, expuesto al sol del verano, con una certeza feroz: que su padre muera y cierre así el capítulo sangriento que ha perseguido a su apellido durante veinticinco años.
Hace un cuarto de siglo, una tarde de verano de 1984, Roy abandonó Kingdom County, Virginia Occidental, con apenas diecinueve años. Llevaba una beca universitaria y una determinación absoluta: nunca volvería. El viejo sheriff Wallace Porterfield le sonrió desde una esquina mientras el autobús se alejaba, con una mirada que gritaba lo que ambos sabían: “Sé lo que hiciste”. Roy huía de una noche de sangre en las colinas del condado, cuando su hermano Archie asesinó a los padres de Gloria, su novia. Archie se ahorcó en su celda antes del juicio, sellando el destino de toda la familia bajo una sombra de la que nunca se liberaría.
Durante dos décadas Roy construyó una vida lejos de Kingdom County. En el norte de California, enseña literatura inglesa en una escuela de élite junto al mar, inculcando a estudiantes privilegiados los refinamientos que nunca tuvo en su infancia rural. Ese fue su sueño: escapar de la pobreza del condado, de su desesperanza, de la sombra oscura que el crimen de su hermano proyectaba sobre su familia. Una vida de exilio construida cuidadosamente, piedra a piedra.
Pero ahora regresa. Su padre está muriendo de cáncer de hígado. El doctor Poole es claro: no llegará a finales de verano. Roy no espera reconciliación ni perdón. Su padre siempre fue un hombre grosero y amargado, que prefería la soledad de su habitación sofocante y la compañía muda de la televisión. Roy vendrá solo para hacerlo más cómodo en sus últimos días, nada más.
Al regresar, Kingdom County parece detenido en el tiempo. Las mismas calles sin pavimentar, los bosques frondosos y verdes, el olor a laurel y madreselva silvestre. Pero bajo esa aparente tranquilidad, las heridas nunca han cicatrizado. Los demonios duermen bajo la tierra. Roy se reencuentra con Lonnie Porterfield, ahora sheriff del condado, veterano de Vietnam condecorado. También está Lila Cutler, su primer amor, la chica con la que soñaba huir para siempre.
El regreso no es un viaje nostálgico. Pronto, el descubrimiento de un cadáver en las colinas despierta los demonios del pasado. Las viejas sospechas resurgen. El sheriff Porterfield nunca creyó en la inocencia de Roy. Ahora, con la muerte volviendo a tocar las puertas del condado, Roy debe enfrentarse no solo al legado de su hermano, sino a la posibilidad de que alguien deba pagar por las deudas de sangre que en Kingdom County nunca caducan.
Thomas H. Cook teje una novela de carreteras polvorientas y personajes atrapados por sus propias acciones, incapaces de escapar a las consecuencias que han sembrado. Un retrato profundo de cómo la violencia marca permanentemente todo aquello que toca, de cómo los errores juveniles persiguen a los hombres hasta la madurez, y de cómo en ciertos lugares oscuros, la justicia es siempre una cuestión de perspectiva.
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