Inclinada sobre el lecho de la moribunda Ana Weber, Margaret Astor escucha revelaciones que desmoronan sus certezas. Meses atrás, conoció a Ike Taurog en un camino de Helena; su sonrisa, su porte y su valentía la cautivaron.
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Inclinada sobre el lecho de la moribunda Ana Weber, Margaret Astor escucha revelaciones que desmoronan sus certezas. Meses atrás, conoció a Ike Taurog en un camino de Helena; su sonrisa, su porte y su valentía la cautivaron. Él parecía un hombre honrado, dedicado a construir su futuro en el rancho. Pero una carta interceptada reveló un engaño que la hirió profundamente: Ana, su rival, escribía a Ike confesando que se resignaba a su matrimonio por dinero, porque ella solo podía ofrecer amor. Ahora, mientras Ana agoniza, Margaret descubre que nada fue lo que parecía.
En un valle de Montana, al pie de la línea férrea, vive Margaret Astor en la hacienda de su tía. A los veintitrés años, es una mujer fuerte y energética, curtida por años de trabajo en las labores del campo. La muerte de su padre la apartó del amor romántico, pero poco a poco la herida cicatriza.
Un día, cuando una rueda de su calesín se rompe en el camino a Helena, aparece Ike Taurog a caballo. Es un hombre joven, guapo, trabajador y honrado. Durante dos días en Helena, mientras reparan el calesín, Ike y Margaret descubren una conexión inmediata. Él es galante y respetuoso; ella, inteligente. Cuando se despiden, ambos saben que algo ha comenzado.
Año y medio después, Margaret vive lo que cree es un idilio perfecto. Ike declara su amor bajo la luz de la luna. Pero los viajes de Ike a Helena despiertan los celos de Margaret. Una noche, él menciona haber visto a Ana, una joven que lo buscaba en un baile. Aunque Ike lo explica como un reencuentro sin importancia, la semilla de la duda queda plantada.
Meses después, Margaret comete una indiscreción: abre una carta dirigida a Ike. En ella, firmada por Ana Weber, descubre palabras que le atraviesan el alma. Ana escribe: «Como te quiero tanto, me he resignado a que, por conveniencias del negocio, te cases con ella. Yo solo te puedo ofrecer amor y no el dinero que necesitas». Margaret entiende entonces que todo ha sido mentira. Ike nunca la amó; solo buscaba salvarse de la quiebra. Ana era su verdadero amor, quien se sacrificaba por falta de fortuna.
Enfurecida, Margaret le devuelve la carta junto con una nota que cierra sus puertas. Ike intenta abordarla en vano. Después de un mes, la noticia llega: Ike ha vendido el rancho y ha desaparecido. Se dice que se fue a enterrar su dolor en la frontera.
Pero luego, una carta de un desconocido devuelve a Margaret al abismo. Ana Weber se muere. Y con su último aliento, quiere confesar algo a Margaret. Algo que aliviará el alma de Ana en su supremo instante y que también le será útil a Margaret. Inclinada sobre el lecho de la moribunda, Margaret escucha revelaciones que desmoronan todo lo que creyó conocer.
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