Lesley ha construido una vida apartada de Matt Colter, su esposo en la distancia. Cuando él desaparece capturado en el Medio Oriente, ella contempla un futuro diferente junto a Jacques, un hombre de raíces y promesas.
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Lesley ha construido una vida apartada de Matt Colter, su esposo en la distancia. Cuando él desaparece capturado en el Medio Oriente, ella contempla un futuro diferente junto a Jacques, un hombre de raíces y promesas. Pero Matt regresa sin aviso, cojeando, magullado por catorce meses de cautiverio, con una única certeza: no se irá nuevamente. En la cocina donde casi acepta casarse con otro, ella debe enfrentar al fantasma del amor que creyó enterrado.
Lesley vive en Day’s Harbor, Maine, con sus hijos, convencida de que su matrimonio con Matt Colter terminó hace dos años y medio. Matt, corresponsal de guerra que priorizó sus historias sobre su hogar, la había dejado atrás con sus negativas y su indiferencia ante el sufrimiento de ella. Cuando las noticias anuncian que ha escapado de catorce meses de cautiverio en el Medio Oriente, Lesley siente alivio y resentimiento a partes iguales. No irá a recibirlo, se promete. Él nunca la llamó, nunca la necesitó, nunca reconoció que ella existía mientras languideció en prisión.
El mundo, sin embargo, no olvida. Matt Colter se convierte en héroe de periódicos y pantallas. Su imagen está en todas partes. Las personas preguntan a Lesley si su esposo se ha comunicado. No, responde con una sonrisa que disimula un dolor profundo. Entonces llega su madre con recuerdos de una vida entera de espera, de un marido que se iba y volvía, de una mujer que nunca controló su propio destino. Lesley rechaza ese futuro.
Jacques Dubois, pescador de langostas que ha amado a Lesley durante años, finalmente le ofrece matrimonio. En una lluviosa mañana de mayo, ella dice que sí. No será el amor arrebatador que sintió por Matt—ese amor que la lanzó contra las rocas—, pero será seguro, constante, suyo.
En el momento del beso en la cocina, la puerta se abre. Matt entra sin avisar, cojeando, con una maleta y los ojos que ella reconocería en cualquier lugar. “Pero no con mi esposa”, dice. Luego declara lo imposible: que se queda. Para siempre. Como si años de separación y ausencia no contaran. Como si su corazón no hubiera aprendido a latir sin él.
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