José Luis Sampedro regresa a Santander con la voz quebrada para impartir un curso magistral sobre su vida y obra. En una sala del palacio de la Magdalena, un testigo del siglo XX desentraña los vínculos indescifrables entre la existencia y…
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José Luis Sampedro regresa a Santander con la voz quebrada para impartir un curso magistral sobre su vida y obra. En una sala del palacio de la Magdalena, un testigo del siglo XX desentraña los vínculos indescifrables entre la existencia y la creación literaria. A través de sus vivencias, desde la Barcelona de su infancia hasta su madurez, revela cómo el oficio de escribir se entrelaza con la necesidad de vivir, y cómo el artista se transforma a sí mismo en el acto de hacer.
Este libro singular nace de un curso magistral impartido por José Luis Sampedro en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo durante julio de 2003. Emocionado al regresar a Santander, ciudad que marcó sus primeros pasos como escritor y docente durante la Segunda República, Sampedro se propone una tarea ambiciosa: revelar los hilos profundos que unen la vida de un escritor con su obra.
Sampedro, quien ha sido testigo de casi todo un siglo, desde los tiempos de Alfonso XIII hasta la actualidad, no acude a la universidad para ofrecer lecciones técnicas de escritura, sino para mostrar cómo la creación literaria brota de la experiencia vivida. Rechaza la idea de separar la vida y la obra como si fueran entidades distintas. Para él, están imbricadas como las raíces de un árbol en la tierra que las nutre.
La escritura, sostiene Sampedro, no es un conjunto de reglas transmisibles. Aunque los talleres literarios enseñan ortografía, sintaxis y técnica —herramientas necesarias—, no pueden enseñar el aspecto misterioso del oficio: las razones profundas que llevan a un artista a elegir un tema, un personaje, una voz. Este componente irracional y no transmisible constituye el verdadero secreto de la creación.
Para ilustrar su pensamiento, Sampedro recurre a la comparación del escritor con una vaca. Ambos observan con atención el mundo que los rodea, rumian lo observado, lo transforman en su propia sustancia. La vaca come hierba; el escritor consume experiencias, emociones, recuerdos, imaginación. La vaca produce leche; el escritor produce literatura. Pero ambos procesan lo externo y lo convierten en algo de sí mismos. El escritor, como la araña tejiendo su tela, escribe con su propia carne, sangre y médula.
Fundamental en su filosofía es la inseparabilidad del hacer y el hacerse: no se trata solo de crear obras, sino de transformarse a través de ese acto creativo. Sampedro ha enseñado durante toda su vida basándose en dos principios: amor y provocación. Amor hacia quienes escuchan, provocación para que piensen por cuenta propia, que no acepten adoctrinamientos sino que generen sus propias ideas. La autenticidad surge como consecuencia natural de ambas.
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