Un ensayo que cuestiona la ausencia de España en las grandes narrativas de la civilización occidental. El autor examina la omisión de la Monarquía Hispánica en la serie televisiva «Civilization» de Kenneth Clark y analiza cómo…
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Un ensayo que cuestiona la ausencia de España en las grandes narrativas de la civilización occidental. El autor examina la omisión de la Monarquía Hispánica en la serie televisiva «Civilization» de Kenneth Clark y analiza cómo historiadores como Ferguson y Huntington han marginado las contribuciones españolas e hispánicas. A través de una defensa argumentada de la relevancia cultural, política y artística del mundo hispánico, el libro propone una reinterpretación de la historia que reconozca la centralidad de España en la formación de la modernidad y la globalización.
Cuando Kenneth Clark presentó su aclamada serie «Civilization» en 1969, dejó fuera a España. Al ser cuestionado sobre esta omisión, el historiador del arte británico respondió que aunque España merecería un lugar en una historia del arte, dudaba que encajara en un relato sobre cómo la civilización había expandido la mente y el espíritu humanos. Esta exclusión, que parecía un detalle académico, revela una brecha profunda en cómo Occidente ha entendido su propia historia.
El presente ensayo parte de esa escena para desplegar una tesis central: España y el mundo hispánico han sido sistemáticamente marginados de las grandes narrativas de la civilización occidental, especialmente en el pensamiento anglófono. Desde finales del siglo XV hasta principios del XIX, la Monarquía Hispánica fue una construcción política de una complejidad sin precedentes. Su influencia abarcó continentes y océanos, desde la meseta castellana hasta las cimas de los Andes, desde Sevilla y México hasta las misiones del suroeste norteamericano y la lejana Nutka en la isla de Vancouver. La plata hispanoamericana se convirtió en la primera moneda global; en las ciudades del imperio se tradujeron obras barrocas al náhuatl, se compusieron piezas polifónicas con letra en quechua, y se redactaron gramáticas de lenguas orientales por primera vez escritas por occidentales.
El autor examina cómo historiadores posteriores a Clark —como Niall Ferguson y Samuel Huntington— perpetuaron esta marginación. Ferguson recurre a la España colonial como contraste negativo para exaltar el modelo británico, mientras que Huntington llega a considerar la expansión del español en América del Norte como una amenaza existencial a la identidad estadounidense. Ambos adoptan perspectivas que, aunque pretenden ser comparativas, mantienen un sesgo profundamente anglocéntrico.
Frente a este canon excluyente, el ensayo propone una reinterpretación que reconozca las aportaciones españolas e hispánicas como constitutivas de la propia civilización occidental. No se trata de ajustar viejas cuentas, sino de corregir una distorsión histórica que ha empobrecido nuestra comprensión de la modernidad, la globalización y la diversidad cultural que define el mundo contemporáneo.
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