Pilar, directora de un instituto público de Madrid, relata el ritmo implacable de la gestión educativa durante el primer mes del curso escolar. Entre la confección frenética de horarios, la diversidad de un profesorado internacional y los…
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Pilar, directora de un instituto público de Madrid, relata el ritmo implacable de la gestión educativa durante el primer mes del curso escolar. Entre la confección frenética de horarios, la diversidad de un profesorado internacional y los dilemas cotidianos de los adolescentes, emerge un retrato honesto de la educación pública: sus contradicciones, su fragilidad y la resistencia silenciosa de quienes la sostienen.
A través de los ojos de Pilar, directora de un instituto público en las afueras de Madrid, descubrimos el universo feroz y paradójico de la educación secundaria. El relato comienza donde duele: en el mes de septiembre, cuando los horarios se confeccionan en una batalla nocturna. Pilar y su equipo trabajan hasta el amanecer, sudorosos en aulas de informática, calculando variables imposibles: desdobles, grupos flexibles, simultaneidades, preferencias personales. El herpes labial brota en el equipo directivo como síntoma físico del estrés colectivo. Entre estos apuros administrativos emergen los verdaderos personajes: un profesorado internacional y heterogéneo que refleja la realidad multicultural de la institución. Franceses, cubanos, egipcios, peruanos, británicos, irlandeses conviven en un claustro donde cada uno carga sus peculiaridades, exigencias y compromisos. Hay profesores que logran silencio absoluto en las aulas y otros cuya permisividad socava el aprendizaje. El libro no rehúye los dilemas reales: la supresión improvisada de un grupo por orden administrativa, la reagrupación de alumnos, los conflictos entre gestión y pedagogía. Una alumna aparece en el patio con un cachorro y niños pequeños, generando alarma. Un inspector impone decisiones que parecen ilógicas. Los adolescentes desafían, negocionan, resisten. Todo ocurre en un contexto de recursos escasos, horarios imposibles de cuadrar y la presión constante de conciliar vidas personales con la educación pública. Es un retrato de la resistencia cotidiana de quienes sostienen un sistema frágil.