A última hora de una tarde de viernes de 2017, Oxford Circus se sumió en el caos. Un simple altercado en hora punta se transformó, a través de redes sociales y medios en tiempo real, en un pánico masivo sobre un ataque terrorista que nunca…
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A última hora de una tarde de viernes de 2017, Oxford Circus se sumió en el caos. Un simple altercado en hora punta se transformó, a través de redes sociales y medios en tiempo real, en un pánico masivo sobre un ataque terrorista que nunca existió. De este incidente parte William Davies para examinar cómo las emociones y los nervios se han adueñado de la toma de decisiones en la sociedad moderna, reemplazando el conocimiento experto que durante siglos fue la base del consenso colectivo.
Una tarde de viernes en 2017, un altercado menor en la estación de Oxford Circus de Londres desencadenó el caos. Dos hombres chocaron en un andén abarrotado, se intercambiaron golpes, pero lo que comenzó como un incidente ordinario se transformó, a través de las redes sociales y la cobertura mediática en tiempo real, en una avalancha de pánico sobre un ataque terrorista que nunca ocurrió. Nueve personas resultaron heridas en la estampida consecuente. Ningún disparo. Ningún terrorista.
William Davies utiliza este episodio como punto de partida para examinar una transformación profunda en la sociedad moderna: cómo las emociones y los nervios han desplazado los hechos y el conocimiento experto como bases del consenso colectivo. Durante siglos, desde el siglo XVII, la razón, la objetividad y el expertismo fueron los pilares que permitieron construir instituciones públicas, confianza institucional y una realidad compartida. Pero ese proyecto está en quiebra.
En la era digital, donde la información viaja más rápido que la reflexión y donde cada persona está inmersa en un flujo constante de imágenes y sensaciones, resulta cada vez más difícil distinguir entre la realidad verificable y el pánico amplificado. Las emociones, con su inmediatez característica, generan reacciones desproporcionales. El miedo puede ser tan disruptivo como la violencia real, y ambos se propagan con una velocidad que la razón no puede alcanzar.
Davies traza una historia de cómo dos distinciones fundamentales que sustentaron el mundo moderno —la distinción entre mente y cuerpo, y entre guerra y paz— han perdido su vigencia. La psicología y la neurociencia demostraron que el cuerpo y la mente están inextricablemente ligados. La guerra moderna ya no distingue entre combate militar e intervención civil. En ese espacio turbio entre la razón y el instinto, entre la paz y el conflicto, habitamos ahora todos: en un estado nervioso constante, gobernados cada vez más por lo que sentimos que por lo que sabemos.
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