Comienza con los telescopios terrestres fijos en Thorbod, luego la expedición de doce millones de personas que viaja sesenta años desde la Tierra para colonizar los planetas de la Bestia Gris.
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Comienza con los telescopios terrestres fijos en Thorbod, luego la expedición de doce millones de personas que viaja sesenta años desde la Tierra para colonizar los planetas de la Bestia Gris. Miguel Ángel Aznar, un joven almirante de 80 años, recibe la misión de explorar el único planeta habitable que queda, acompañado por el capitán Wantrous. En la pequeña aeronave Omega, atraviesan el espacio a velocidades vertiginosas para descender sobre un mundo que porta enigmáticas ciudades y, sorpresa mayor, una civilización que parece detenida en el tiempo, con ferrocarriles de vapor y tecnología obsoleta.
Desde cincuenta millones de kilómetros, los telescopios terrestres permanecen atentos al planeta Thorbod. Los análisis espectroscópicos revelan una atmósfera rica en oxígeno y clorofila, signos de un mundo habitable. A través de fotografías ampliadas, los astrónomos divisan borrosas manchas que podrían ser grandes ciudades.
Tres autoplanetas —Santa Fe, Ascrea y Orión— han completado un viaje de sesenta años desde la Tierra, cargando doce millones de personas con el propósito de establecerse en los planetas de la Bestia Gris y fundar una segunda patria. La sorpresa es desalentadora: de los cinco mundos habitables que don Miguel Ángel Aznar recuerda de su anterior visita, solo queda uno. Los demás han sido transformados en esferas desoladas, presumiblemente por los ataques de los nahumitas.
El joven almirante Miguel Ángel Aznar, con tan solo ochenta años pero poseedor de toda la vitalidad de su raza longeva, recibe el encargo de descender al planeta y determinar la identidad de sus habitantes. Acompañado por el capitán Abel Wantrous, piloto consumado y ansioso de respirar aire puro tras sesenta años confinado en metal, se embarcan en la aeronave Omega, una nave diminuta en forma de herradura propulsada por rayos de luz sólida.
Durante veinte horas, la Omega acelera a través del vacío interestelar, alcanzando velocidades de millones de kilómetros por hora. Los viajeros atraviesan la vasta soledad del espacio, vigilantes ante toda posible amenaza, pero no hallan patrullero alguno. Al aproximarse, observan el planeta resplandecer como una naranja en las profundidades negras. La atmósfera envuelve la nave mientras desciende, y pronto los continentes y océanos se hacen visibles.
Cuando la Omega sobrevuela un extenso valle de frondosos bosques, campos de cultivo y primitivas granjas, los astronautas advierten algo desconcertante: una vía férrea clásica de dos carriles. Segundos después, una columna de humo anuncia la aproximación de una antiquísima locomotora de vapor, tirando de un tren que parece arrancado de un museo. Un mundo habitable con ciudades modernas, pero habitado por una civilización impulsada por vapor y ruedas de hierro.
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