Una memoria que comienza cuando la madre del narrador, consumida por la enfermedad, intenta evocar la vida de su padre. A través de fragmentos dispersos y relatos familiares, la obra traza el viaje de una familia judía transilvana desde…
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Una memoria que comienza cuando la madre del narrador, consumida por la enfermedad, intenta evocar la vida de su padre. A través de fragmentos dispersos y relatos familiares, la obra traza el viaje de una familia judía transilvana desde aldeas montañosas hasta el continente americano, donde la emigración, la pobreza y el exilio marcan destinos que persisten en el silencio y la ausencia.
Antes de que su madre fallezca, el narrador le pregunta sobre la vida y la muerte de su padre. Su madre, con la mente fragmentada por la enfermedad, apenas logra articular recuerdos. Así comienza una indagación que recorre generaciones, espacios geográficos y silencios familiares.
La obra traza el periplo de una familia judía transilvana. Adolfo e Isabel, primos entre sí, descendientes de Samuel y Rosa, vivían en pueblos montañosos donde se definían como “gente decente del campo”. No eran campesinos, aunque guardaban viñas y las formas de un mundo que se desmoronaba. El abuelo del narrador no albergaba sueños de trascendencia; fue su abuela quien ejerció presión constante contra los límites, quien movía la familia hacia adelante con su singularidad y su extrañeza frente al ambiente aldeano.
El padre del narrador creció en esa tensión. A los nueve años, su madre lo envió a estudiar fuera de la aldea. En el tren, vio cómo ella se empequeñecía en la nieve hasta desaparecer. Regresó siguiendo sus propias huellas. Luego, la familia se instaló en una ciudad transilvana donde judíos, húngaros, alemanes y gitanos convivían. Los negocios fracasaban. La universidad le fue vedada por la hostilidad hacia los judíos.
En 1927, el padre del narrador embarcó en el Oroya rumbo a Chile. Desembarcar en Antofagasta significó pauperización inmediata: fue convertido en hombre sándwich que gritaba “¡Hotel Iberia!” por las calles. En pueblos del desierto de Atacama, intentó prosperar con negocios que colapsaron. La búsqueda de futuro lo llevó de país en país, siempre huyendo, siempre empezando de nuevo.
Paralelamente, el narrador relata su propia búsqueda: visita cementerios judíos abandonados en Rumanía buscando tumbas de familiares; se reencuentra en Budapest con primos sobrevivientes; descubre fotografías de tíos asesinados en Auschwitz, de un tío muerto en el Volga, de un padre que fue músico.
Esta es una obra sobre la invisibilidad de lo familiar, sobre cómo los relatos se fragmentan y se pierden. Es memoria construida desde los huecos, desde lo que falta, desde las palabras que apenas alcanzan a nombrar lo que ha sido arrebatado.
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