En la sala de una prisión, mientras se ejecuta a un condenado, Lester presencia el resultado de su trabajo como cazador de recompensas. Agotado por años de persecuciones, decide cambiar de oficio. Pero el cambio no lo redime.
Descargar
En la sala de una prisión, mientras se ejecuta a un condenado, Lester presencia el resultado de su trabajo como cazador de recompensas. Agotado por años de persecuciones, decide cambiar de oficio. Pero el cambio no lo redime. Desde Denver, descubre la estafa sentimental: coloca anuncios matrimoniales fingiendo ser un empresario viudo. Mujeres solitarias responden desesperadas. Lester responde con mentiras calibradas. Lo que sigue es una red de engaños donde el cazador de hombres se reinventa como cazador de emociones.
En una sala interior de la prisión, alejada del patio central por el mal tiempo, se ejecuta a un condenado. Lester observa desde el umbral. Es él quien capturó a Willard. Es él quien cobró la recompensa, aunque ya no la necesite. Lester viste como cazador de frontera: pantalones tejanos, botas, chaqueta de gamuza, un único revólver. Sus ojos claros parecen vacíos de toda emoción. El alcaide Barklay lo reconoce: Lester está cansado. Ha capturado a decenas de hombres. Ha enviado a la muerte a quien sabe cuántos. Ha gastado años clasificando vidas por el valor de sus cabezas.
Cuando Lester abandona la prisión, lo hace sabiendo que no puede continuar. Pero no busca redención ni paz. Busca algo más rentable: una nueva forma de caza. En Denver, desde una habitación de hotel, Lester comienza a tejer su estrategia. Coloca anuncios en periódicos de ciudades distantes. Se presenta como empresario próspero de veinticinco años, dueño de una importante fábrica en Dallas, viudo, doliente por la muerte de su madre, solitario, en busca de compañía femenina dotada de ternura maternal.
Las cartas llegan en montones. Mujeres otoñales, incomprendidas, olvidadas por el tiempo, ven en su anuncio la última oportunidad de ser felices. Cada respuesta es una carta que viaja desde Nevada o Nueva York o San Francisco hacia direcciones falsas en ciudades distintas. Lester las lee con atención de depredador. Selecciona a sus víctimas con cuidado. Para las más vulnerables, prepara fotografías de fábricas reales: treinta empleados formales, chimeneas que echan humo, la promesa de prosperidad. Construye narrativas de compasión: sus obreros padres de familia dependen de él, no puede abandonar su negocio, pero su corazón arde por ella, sólo por ella.
El mecanismo nunca falla. Primero viene la promesa de viaje. Luego, la demostración de lo difícil que es partir. Después, la sugerencia velada de otras candidatas más cercanas. Y finalmente, cuando la presa está completamente enganchada, llega la propuesta de la víctima misma: que ella pague los gastos, que ella le ayude con su negocio, que ella deposite dinero en giros postales dirigidos a apartados de correos en ciudades donde Lester ni siquiera vive.
Mientras Lester perfecciona este nuevo oficio, mientras las cartas y el dinero circulan por las vías postales del país, en los circos itinerantes del Oeste sucede algo extraño. Mister Murdock, empresario de espectáculos, exhibe un ataúd vacío en las carpas de Cheyenne. Promete mostrar a los vivos qué es la muerte. Invita al público a entrar en la caja oscura y a comprender, de una vez por todas, qué hay al final. Los hilos de esta novela, aún dispersos en el territorio, comenzarán pronto a converger.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.