Una mujer abandona el calor del hogar la Nochebuena para asistir a la misa de Gallo en la catedral. En las calles desiertas bañadas de luz lunar, se encuentra con el espectro de un poeta suicida que la invita a descender con él a los…
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Una mujer abandona el calor del hogar la Nochebuena para asistir a la misa de Gallo en la catedral. En las calles desiertas bañadas de luz lunar, se encuentra con el espectro de un poeta suicida que la invita a descender con él a los círculos del infierno. Durante la única noche del año en que los tormentos cesan, ella será testiga de las penas y del arrepentimiento de los condenados, y más tarde navegará hacia el purgatorio para comprender que la redención es un proceso lento y sin fin para aquellos que esperan la purificación.
Una mujer abandona el calor reconfortante del hogar la Nochebuena para asistir a la misa de Gallo en la catedral. En las calles de la ciudad episcopal, bañadas de una misteriosa luz lunar que alterna zonas de sombra con llanuras de blancura argentada, se encuentra con una silueta embozada que emerge de las tinieblas. Es el fantasma de un poeta suicida que conoció en su infancia, cuya muerte ocurrió años atrás cuando se disparó una bala por la sien. Sin poder hablar, el espectro le hace señas para que lo siga.
Juntos atraviesan una pequeña puerta roja en la catedral que conduce a un pasadizo que se hunde cada vez más profundo en las entrañas de piedra del edificio. Lo que comienza como un recorrido por escalones y cuestas se convierte en un descenso vertiginoso hacia abismos oscuros, hasta alcanzar una playa árida y un mar pesado como aceite. El poeta guía a la mujer a través de los círculos infernales, donde descubre que durante la Nochebuena, la única noche del año, los tormentos cesan. No hay llamas visibles, ni aullidos de condenados. Solo persiste el sufrimiento de un único hombre: el asesino que no respetó la paz de esa noche sagrada al matar a su rival camino a la iglesia.
Luego de abandonar el infierno, la mujer viaja con su guía en una barca que los lleva a la isla del Purgatorio, donde reina un color verde que simboliza la naturaleza que resurge cada primavera. Allí descubre multitudes de almas que arden interiormente de una fiebre perpetua, aliviada solo por las gotas de una fuente milagrosa formada por las lágrimas de quienes rezan por los difuntos. Entre ellas reconoce a Margarita, la desdichada protagonista de la tragedia alemana, quien le explica que antes de alcanzar el cielo debe purgar sus pecados en ese reino de esperanza y dolor constante.