En una noche de primavera en París, Leonor despide a su amante en el balcón gótico de la catedral. Pronto descubrirá que Juan de Kervilliers no es un simple caballero, sino un obispo.
Descargar
En una noche de primavera en París, Leonor despide a su amante en el balcón gótico de la catedral. Pronto descubrirá que Juan de Kervilliers no es un simple caballero, sino un obispo. Embarazada y abandonada, Leonor será condenada por sacrilegio. En el cadalso, mientras da a luz a una niña llamada Violeta, la piedad de la multitud la salva de la muerte. El verdugo recoge a la hija abandonada. Años después, cuando Francia se debate entre intrigas cortesanas y venganzas familiares, aparece el caballero de Pardaillán, envuelto en misterio y valentía.
Una noche de primavera perfumada, Leonor despide desde un balcón gótico a su amante, el elegante duque Juan de Kervilliers. Segura de su amor y llevando en su vientre la promesa de un futuro juntos, Leonor atesora un secreto que cambiará para siempre el curso de sus días. Una misteriosa piedra lanzada al balcón le revela la verdad devastadora: Juan nunca se casará con ella porque es un obispo, príncipe de la Iglesia.
Consuida por la desesperación y la confusión, Leonor acude a la catedral buscando respuestas del mismo Farnesio que oficia la misa. Cuando reconoce en el rostro del prelado los rasgos de su amante, la verdad le arranca un grito de angustia que profana el silencio sagrado. Es arrestada, acusada de sacrilegio y herejía, condenada a la horca.
Meses después, en la plaza de la Grève, ante una multitud congregada para presenciar el suplicio, Leonor llega al cadalso. Pero en el instante en que el verdugo se prepara para ejecutar la sentencia, los dolores del parto se desatan. Una niña nace entre la muchedumbre, débil e inocente, clamando por piedad. La compasión del pueblo es inmediata y feroz: exigen la gracia de la madre. Leonor es perdonada, pero su hija, fruto de un amor maldito, queda abandonada sobre el patíbulo. Es el verdugo Claudio quien, movido por la piedad, recoge a la pequeña Violeta y la salva.
Quince años después, París arde en nuevas intrigas. Enrique III, deshonrado y expulsado de su propia capital, huye hacia el destierro. En los caminos de Chaillot, su fuga es interceptada por un joven que declara ser hijo de Carlos IX. Con una frialdad aterradora, Carlos de Angulema acusa al rey de conspiración y traición. Es entonces cuando aparece el caballero de Pardaillán, una figura envuelta en leyenda, cuya espada e nombre inspiran terror reverencial.