En la capilla de la fragata Mercutio, la Hermana Superiora Miriya reza ante la efigie del Emperador en un acto de devoción diaria. En el cuadragésimo milenio, la humanidad sobrevive bajo la vigilancia de un monarca eterno encadenado al…
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En la capilla de la fragata Mercutio, la Hermana Superiora Miriya reza ante la efigie del Emperador en un acto de devoción diaria. En el cuadragésimo milenio, la humanidad sobrevive bajo la vigilancia de un monarca eterno encadenado al Trono Dorado. Cuando recibe la orden de custodiar a Torris Vaun, un psíquico prisionero, Miriya debe confrontar la contradicción fundamental de su existencia: proteger a quien su fe la enseñó a destruir. En los pasillos de una fragata imperial, su lealtad será puesta a prueba.
La Hermana Superiora Miriya se arrodilla en la capilla de la fragata Mercutio, murmurando la Letanía de la Guía Divina. Sus palabras fluyen como respiración de quien ha renunciado a su propia voluntad para servir al Emperador. Ante ella, la efigie dorada del monarca inmóvil gobierna desde el mármol, centro de una fe que sostiene la vasta civilización humana dispersa entre las estrellas.
En el cuadragésimo milenio, el Emperador ha permanecido inmóvil durante más de cien mil años, encadenado al Trono Dorado por rituales arcanos cuyos orígenes el Imperio ha perdido. Sus Hermanas de Batalla, la Adepta Sororitas, son guardianas de una fe que ha reemplazado la razón y la ciencia. Mujeres que han renunciado a la humanidad misma para convertirse en armas de purificación religiosa.
Cuando la orden astropática llega, Miriya debe custodiar al psíquico Torris Vaun hasta la Catedral Noroc Lunar en el planeta Neva. Vaun encierra un poder devastador: la capacidad de abrir portales al caos mismo. Iona, su segunda al mando, expresa lo que ambas sienten: repugnancia ante la orden de proteger lo que toda su formación les enseñó a aniquilar. Pero en este Imperio donde la crueldad es norma, los siervos del Trono no pueden rechazar las órdenes que descienden de la Eclesiarquía.
En los pasillos de un Navío Negro, dentro de una fragata que es tumba y fortaleza simultáneamente, Miriya debe confrontar la contradicción que define su existencia. Su fe absoluta la ata a órdenes cuya moralidad ignora por completo. Una misión que revela cómo un Imperio tan vasto ha olvidado los principios que alguna vez lo sostuvieron, sacrificando humanidad tras humanidad en el altar de su propia supervivencia.