Cuando Laramie se transformó en el mayor mercado ganadero de las llanuras, la tranquilidad que reinaba dio paso a un caos de vicio y violencia. En sus saloons, entre naipes y alcohol, los hombres sin escrúpulos controlan la ley.
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Cuando Laramie se transformó en el mayor mercado ganadero de las llanuras, la tranquilidad que reinaba dio paso a un caos de vicio y violencia. En sus saloons, entre naipes y alcohol, los hombres sin escrúpulos controlan la ley. Tras el asesinato de un sheriff, Joe Custer, ranchero honrado, denuncia el crimen ante el gobernador. Dos investigadores especiales llegan a la ciudad dispuestos a desentrañar la verdad, pero se encuentran con una conspiración de silencio que protege a los asesinos. La corrupción corre por las venas de Laramie, y quien intenta hacer justicia se juega la vida.
Laramie ha dejado atrás su quietud campestre. Desde que se convirtió en el principal mercado ganadero de las llanuras, la ciudad se transformó en un centro de depravación donde los peores elementos de la sociedad encuentran refugio. En sus saloons, bares y garitos, la ley brilla por su ausencia. Los dueños de estos locales ejercen un poder absoluto sobre la ciudad, apoyándose en pistoleros a sueldo, tahúres profesionales y criminales de toda índole que forman una red de corrupción imposible de penetrar.
Semana tras semana, los cadáveres de quienes se atrevieron a desafiar este orden corrupto son recogidos de las polvorientas calles. Nadie investiga sus muertes; nadie busca justicia. Los comerciantes honrados, granjeros y rancheros de la comarca han intentado desesperadamente encontrar un hombre lo suficientemente valiente para ocupar el cargo de sheriff, incluso ofreciendo quinientos dólares mensuales. Pero tres sheriffs ya han caído asesinados, y el pánico se ha apoderado de quienes aún creen en la ley.
El último en caer fue Alan Johnston, sheriff que se ganó el respeto de hombres decentes como Joe Custer, un pequeño ranchero cuya honradez lo distingue en medio del cinismo reinante. Desesperado, Joe escribe al gobernador denunciando el asesinato cometido por George Chedelle y Henry Hoffman, dos pistoleros que desde entonces disfrutan de un poder sin límites en la ciudad. Pero su gesto, movido por justicia, trae consigo un peligro inminente. Su hija Anne, preocupada y lúcida, intuye que su padre ha puesto su vida en peligro.
Dos investigadores especiales enviados por el gobernador, Fredd Lake y Lewis Mac Coy, llegan a Laramie decididos a esclarecer la verdad. Pero descubren que la corrupción es más profunda de lo imaginado. El juez, supuestamente guardián de la justicia, niega los hechos. El dueño del saloon teje una versión falsa. Cada testigo ha sido intimidado. Los investigadores se ven atrapados en una red de mentiras donde la verdad parece un lujo que nadie puede permitirse. En Laramie, procurar justicia es un acto de suicidio.
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