En una noche de noviembre, sobre una carretera francesa, el camionero Jules Lachenais presencia un choque brutal: un vehículo americano embiste a otro coche en una curva, dejando tres muertos.
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En una noche de noviembre, sobre una carretera francesa, el camionero Jules Lachenais presencia un choque brutal: un vehículo americano embiste a otro coche en una curva, dejando tres muertos. Semanas después, un inspector de seguros franco-alemán llamado Kegel recibe noticias de que una víctima es el doctor Merkén, militar estadounidense. Pero los detalles del accidente generan sospechas: las luces de freno se activaron sin que el coche desacelerara. ¿Fallo mecánico o sabotaje? Kegel es enviado a investigar en Châteauroux, donde descubrirá que en aquella madrugada quizá no todo fue azar.
La narración se abre con una escena de gran tensión: sobre la Nacional 20, en la madrugada del diecisiete de noviembre, el camionero Jules Lachenais circula en su pesado Berliet con puntualidad militar cuando presencia un accidente devastador. Un poderoso Chevrolet americano, conducido a excesiva velocidad, abandona su carril sin explicación aparente y embiste brutalmente a un Chambord ocupado por un industrial de Limoges y su esposa. El impacto es catastrófico: los dos vehículos quedan reducidos a chatarra humeante, mientras Lachenais, impotente con su extintor, contempla cómo las llamas devoran lo que fue vida humana.
Pero el accidente que parece ser una tragedia más de la carretera se convierte en el centro de una investigación cuando llega la noticia a París. Kegel, un inspector de seguros franco-alemán que trabaja para una compañía de seguros, recibe una misión delicada: el conductor del Chevrolet era el doctor Harold A. Merkén, militar estadounidense destinado en la base de Châteauroux. Su muerte no solo afecta a la aseguradora, sino que plantea preguntas incómodas.
Mientras Kegel revisa los hechos con su jefe Kernfstein, los detalles se vuelven cada vez más extraños. El doctor Merkén era conocido como un conductor responsable y experimentado, con un expediente impecable. Pero según los testimonios de los conductores que vieron el accidente, las luces de freno del Chevrolet se iluminaron momentos antes del impacto, como si Merkén hubiese pisado el pedal. Sin embargo, no hay marcas de frenaje en el asfalto: el coche continuó a toda velocidad como si los frenos no existieran. Kernfstein sugiere una hipótesis perturbadora: una pequeña muesca en el tubo flexible del circuito de frenaje, un sabotaje que parecería accidental, el crimen casi perfecto.
Enviado a Châteauroux para indagar entre los conocidos del doctor, Kegel se adentra en un mundo de secretos y sombras. Descubre que Merkén estaba casado con una francesa adinerada, Gladys Gudon, heredera de una gran propiedad llamada La Châtaigneraie. La investigación lo llevará más allá de los hechos oficiales, hacia motivos ocultos, rivalidades silenciosas y una verdad que nadie quiere revelar.