Cuando el niño José Luis veía morir a Errol Flynn interpretando a Custer en el cine, apenas diez minutos después lo volvía a ver encarnando a don Juan. El cine, para él, era donde no existía la muerte.
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Cuando el niño José Luis veía morir a Errol Flynn interpretando a Custer en el cine, apenas diez minutos después lo volvía a ver encarnando a don Juan. El cine, para él, era donde no existía la muerte. Este volumen reúne once entrevistas seleccionadas de una extensa trayectoria profesional de cuatro décadas, donde el director madrileño recorre su historia desde esos años de formación cinéfila hasta su consolidación como cineasta. Más allá de técnica y análisis, estas páginas revelan el legado de una pasión genuina: la de un muchacho de la calle Narváez que construyó una carrera cinematográfica alimentada por la curiosidad, la inteligencia y la espontaneidad.
Un niño madrileño de posguerra descubre en los cines de barrio un mundo donde la muerte no existe: en los programas dobles, Errol Flynn moría como Custer y reaparecía minutos después como don Juan. Aquella ilusión infantil marcó a José Luis Garci de manera indeleble, configurando no solo su pasión por el cine, sino su entendimiento de la vida misma.
Criado en la clase media baja madrileña, en una casa pequeña pero sin traumas, Garci se nutrió de la cultura popular de su generación: programas dobles de películas, novelas de aventura, revistas de cine, periódicos deportivos. El séptimo arte se convirtió en su verdadera escuela, la vía por la que conocía el mundo. Sus padres lo dejaban ir al cine porque era mejor que deambular por las calles de un barrio donde apenas circulaban automóviles.
En los años sesenta, mientras trabajaba como auxiliar administrativo en el Banco Ibérico, Garci perseguía en paralelo su verdadera vocación: la crítica de cine. Recorría festivales, escribía en publicaciones especializadas, frecuentaba cine-clubs. Hasta que un amigo, José María González Sinde, le dijo aquello que jamás imaginó: “Mira, tú lo que tienes que hacer es dirigir”.
Su trayecto como guionista bajo el amparo de José Luis Dibildos fue fundamental. Aprendió en la práctica cómo se construía una película, cómo se rodaba, se montaba, se sonorizaba. Con Dibildos y el realizador Roberto Bodegas, acuñó el concepto de “la Tercera Vía”: un cine comercial digno, que buscaba comunicar sin renunciar a la calidad. Películas como “Vida conyugal sana” encarnaron ese propósito.
Su debut como director llegaría a través de cortometrajes. “Mi Marilyn” se convirtió en el documental corto más exhibido de la historia cinematográfica española. Cada proyecto era un ejercicio donde Garci perfeccionaba el oficio, aprendía lenguaje visual, estudiaba el plano y el contraplano.
Este volumen reúne once entrevistas elegidas de centenares concedidas a lo largo de cuatro décadas. Son conversaciones que trazan no solo su devenir como cineasta, sino su universo más amplio: la arquitectura, la pintura, la música, la literatura, el deporte. Revelan a un hombre que conserva intacto el espíritu del muchacho curioso que fue, adelantado a su tiempo, aficionado a casi todo, siempre en fase de descubrimiento.
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