Ante el tribunal de Núremberg, una fotoperiodista francesa relata los horrores de Auschwitz: las falsas promesas que engañaban a los deportados, la orquesta que tocaba cuando llegaban los trenes, el edificio rotulado como "Baños" donde…
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Ante el tribunal de Núremberg, una fotoperiodista francesa relata los horrores de Auschwitz: las falsas promesas que engañaban a los deportados, la orquesta que tocaba cuando llegaban los trenes, el edificio rotulado como "Baños" donde ocurría la muerte. Este libro recorre desde esos testimonios desgarradores hasta los orígenes de quien ideó el régimen de terror: Adolf Hitler, un joven fracasado, artista rechazado, desclasado que encuentra en la Primera Guerra Mundial una identidad y luego un propósito político.
En el Tribunal de Núremberg, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, una fotoperiodista francesa que sobrevivió a Auschwitz narra bajo juramento lo que presenció en aquellos años de cautiverio. Su testimonio revela la precisión del engaño nazi: postales falsas que hacían creer a las familias judías que sus parientes estaban en un lugar seguro; una orquesta de muchachas jóvenes que tocaba melodías alegres cuando los trenes llegaban a la rampa; un edificio marcado con el rótulo de “Baños” que era en realidad la cámara de gas. Describió cómo los nazis ocultaban con meticulosidad sus intenciones, cómo separaban a las familias, cómo llevaban a hombres, mujeres y niños a la muerte sin que tuvieran ni idea de su destino. Narró el proceso de exterminio: la desnudez forzada, el gas lanzado desde arriba, los cuerpos apilados, luego incinerados o arrojados a fosas enormes cuyas llamas iluminaban el cielo nocturno.
Este volumen amplía esa perspectiva de superviviente con una biografía profunda del hombre que puso en marcha esa maquinaria de muerte. Adolf Hitler fue durante treinta años un don nadie: un joven austríaco nacido en la mayor oscuridad, hijo de un funcionario sin brillo. Soñó ser artista, pero fracasó en la Academia de Bellas Artes de Viena. Pasó años en la pobreza, viviendo en refugios para desemparados, vendiendo copias de postales para subsistir. Era un hombre desclasado, solitario, de hábitos austeros, que se refugiaba en la ópera y en lecturas de leyendas germánicas. Nada en su juventud presagiaba el destino que lo aguardaba.
La Primera Guerra Mundial fue su punto de quiebre. Se alistó movido por el patriotismo alemán en 1914 y encontró en la milicia un orden y una estructura que su vida errante jamás había tenido. Recibió condecoraciones, ascensos modestos, la experiencia de sobrevivir a batallas. Cuando terminó la guerra derrotado y se enteró de la revolución en Alemania, algo en él cambió: la política dejó de ser ajena a su existencia. De aquel fracaso, de aquella derrota, de aquella frustración acumulada, nacería una fuerza que transformaría el mundo en la catástrofe más devastadora del siglo veinte.