En Escocia, dos caballeros amigos compiten secretamente por acceder a Mirabella, princesa cuya belleza ha costado numerosas vidas. Uno mata al otro y prosigue con sus pretensiones.
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En Escocia, dos caballeros amigos compiten secretamente por acceder a Mirabella, princesa cuya belleza ha costado numerosas vidas. Uno mata al otro y prosigue con sus pretensiones. Cuando su amor es descubierto, ambos son capturados y condenados según ley antigua: el culpable principal debe morir; el otro, desterrado. Sometidos a torturas por la justicia real, ni el caballero ni la princesa confiesan verdad alguna, pues cada uno asume toda la culpa para salvar la vida del otro.
En el reino escocés vive un rey célebre por su justicia absoluta. Tiene una hija heredera, Mirabella, cuya belleza despierta en cualquier mortal que la mira una pasión devastadora. Emperadores y príncipes de toda Europa solicitan su mano en matrimonio, mas el rey, cautivado por el amor paterno, rechaza todos los pretendientes. Esta negativa reiterada abre las puertas a la tragedia: la más noble caballería del reino se consume en guerras silenciosas de amor, sus mejores hombres caen muertos por una pasión que no pueden satisfacer. El rey, horrorizado, ordena recluir a Mirabella en una cámara secreta, vigilada y cerrada a cualquier presencia masculina.
Dos caballeros, amigos entre sí y supervivientes de esas luchas invisibles, desafían el confinamiento. Cada noche, en el silencio, portan escalas de hierro e intentan acceder a través de una red de protección que rodea la cámara de la princesa. Ninguno conoce los esfuerzos del otro. Una madrugada se descubren mutuamente en el acto. Las espadas brillan en la oscuridad, la batalla es feroz, pero al reconocerse por sus voces, detienen la lucha. Deliberan entonces sobre quién merece con mayor justicia a Mirabella: uno propone decidirlo por suerte; el otro rechaza esta solución, argumentando que el amor verdadero no confía en la ventura sino en la verdad y la fe divina. Esa noche uno de los caballeros cae muerto.
Grisel, el vencedor, prosigue sus visitas secretas hasta que Mirabella, rendida ante sus demostraciones de amor y sufrimiento, le corresponde. Viven días en secreto, pero una camarera antigua descubre sus amores y, movida por lealtad al honor del rey, revela el escándalo. El rey tiende una trampa nocturna, rodea la cámara y captura a ambos. La ley del reino exige una pesquisa para determinar quién fue más causa del error: el culpable principal merece muerte; el otro, destierro perpetuo.
Ni investigación ni interrogatorio logran obtener confesión. El rey ordena entonces la tortura. Los latigazos caen, las heridas sangran, el dolor se multiplica, pero cada azote refuerza su resolución opuesta: Grisel asume toda la culpa, proclamando que Mirabella fue víctima de sus ardides y persecuciones. Mirabella, entre lágrimas, insiste en lo contrario: ella lo sedujo, ella ejerció su poder como princesa, ella cargó con la verdadera ofensa. Cada cual se ofrenda a la muerte para proteger al otro. La obra jamás revela quién es verdaderamente culpable. En un mundo donde la justicia exige castigo desigual, ambos prefieren la muerte propia a deshonrar al ser amado.