Kaethennis, de diecinueve años, se sienta en el sofá de su casa a devorar helado de menta mientras reflexiona sobre los errores que la han llevado a esta situación: embarazada, abandonada por Jake, el padre que niega serlo.
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Kaethennis, de diecinueve años, se sienta en el sofá de su casa a devorar helado de menta mientras reflexiona sobre los errores que la han llevado a esta situación: embarazada, abandonada por Jake, el padre que niega serlo. En ocho meses y medio tendrá un bebé que ha decidido dar en adopción, sin permitirse crear vínculo alguno. Una historia sobre la irresponsabilidad juvenil, las consecuencias ineludibles y los encuentros inesperados en los momentos más frágiles.
Kaethennis pasa las tardes sumida en sus propios pensamientos, sentada en el sofá de su casa mientras saborea helado de menta. Es julio de 2008 y ella, con apenas diecinueve años, vive lo que nunca creyó que le sucedería: está embarazada. Durante dos años mantuvo una relación sin etiquetas ni compromisos con Jake, un chico atractivo que representaba exactamente lo que ella quería: sexo sin ataduras. Kaethennis siempre huyó del compromiso, adoraba su libertad, su espíritu viajero. El sexo seguro era su prioridad, o eso creía. Pero un día, en el baño de la universidad, comprendió que algo había fallado. Su mejor amiga Bridget notó los cambios que ella misma se negaba a reconocer. Dos semanas de retraso. Una prueba positiva. El mundo entero se derrumbó.
Lo que más la duele no es solo el embarazo en sí, sino la reacción de Jake: una negación categórica, un «ese bebé no es mío» que la golpeó más que cualquier rechazo anterior. Sus padres, decepcionados pero presentes, la apoyaron en una decisión que ella misma buscó: dar el bebé en adopción. Es lo mejor para todos, se repite. Es lo mejor para el bebé. Pero en sus momentos de soledad, acaricia su vientre redondo y susurra las mismas palabras: no pienses que no te quiero, es solo que yo no puedo tenerte.
En la madrugada, cuando las contracciones comienzan y la llevan a la sala de partos, sola, asustada y llena de pánico, Kaethennis toma la mano de un desconocido de ojos azul intenso. Sin pensarlo, sin dudarlo, le ruega que no la deje sola. Él, confundido por la situación, se ve atrapado en un momento que no es suyo, diciendo a las enfermeras que sí, que es el padre, aunque ambos saben que es mentira. En esa noche caótica, mientras la joven que huyó del compromiso lucha por traer al mundo al hijo que no quería tener, nace algo más: una conexión inesperada con un desconocido que se convierte en su salvavidas.