En el laberinto de catacumbas bajo el Gran Templo de Set, Anok Wati finge devoción mientras cultiva una verdad peligrosa: es un hereje que busca destruir al dios serpiente.
Descargar
En el laberinto de catacumbas bajo el Gran Templo de Set, Anok Wati finge devoción mientras cultiva una verdad peligrosa: es un hereje que busca destruir al dios serpiente. Cuando un ataque mágico lo deja vulnerable, su compañero Dejal lo rescata—pero entre ellos pesa sangre derramada. Esta trilogía entrelaza un legado ancestral de cuatro mil años: cuando sabios dividieron artefactos de poder sobrenatural para mantenerlos separados y fuera del alcance de fuerzas que no deben poseerlos.
En un mundo que ha caído antes y volverá a caer, cuatro mil años antes de los tiempos heroicos, tres sabios se reúnen en una cueva de montaña. Graymoy, el más anciano, custodia dos de tres escamas doradas: artefactos que concentran poder sobrenatural capaz de controlar hombres y abrir puertas a fuerzas del más allá. Comprende que jamás deben reunirse. Entrega una a Reloth y otra a Kaleth para que las guarden en tierras lejanas, separadas para siempre. La tercera permanece con el último descendiente de Graymoy, quien la custodiará a través de generaciones.
Cuatro mil años después, en Khemi, puerto hacia el maldito reino de Estigia, un acólito llamado Anok Wati asciende los escalones del Gran Templo de Set. El edificio domina la ciudad con su colosal estatua dorada. Los ojos del dios serpiente arden como carbones, observando desde lo alto. Anok finge devoción absoluta, pero es un hereje: su verdadera misión es destruir a Set o infligirle el mayor daño antes de que lo descubran y lo ejecuten con los métodos más lentos que sus sumos sacerdotes conocen.
Acompañado por Dejal, su camarada de infancia, Anok desciende a las catacumbas bajo el templo: un laberinto de pasadizos ancestrales poblados de serpientes gigantes, santuarios a dioses olvidados y pozos llenos de huesos de incontables víctimas. Allí los acólitos estudian para servir a Set y buscan poder. Pero entre Anok y Dejal existe una grieta profunda: Dejal mató a Sheriti, alguien que Anok amaba, una deuda aún sin pagar.
Cuando un enemigo invisible ataca con magia devastadora en los túneles—lanzando fuego infernal, arrebatándole el control de su mente—Dejal lo rescata invocando la protección de Set. Pero ese rescate no es inocente. La amistad está fracturada por secretos de sangre y planes ocultos, una tensión que trasciende el presente y se enraíza en un pasado que ninguno de ellos comprende.