En los pasillos del Hospital de Clínicas, en las salas de atención primaria, en los laboratorios de investigación y en los consultorios donde se jugaba la vida de miles de argentinos, doce médicos dejaron una huella indeleble.
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En los pasillos del Hospital de Clínicas, en las salas de atención primaria, en los laboratorios de investigación y en los consultorios donde se jugaba la vida de miles de argentinos, doce médicos dejaron una huella indeleble. Este libro recorre las vidas de profesionales que convirtieron la medicina en un acto de servicio, que desafiaron los obstáculos políticos y sociales de su tiempo para cambiar la calidad de vida de sus compatriotas. Desde el pionero de las transfusiones hasta el primer ministro de Salud, desde la primera médica argentina hasta los cardiólogos que revolucionaron su especialidad, sus historias conforman un retrato de la vocación en acción.
Doce vidas de compromiso absoluto. El libro traza el derrotero de doce médicos argentinos que transformaron la salud pública del país a lo largo del siglo XX, cada uno desde su propia trinchera y convicción. Cecilia Grierson, la primera médica del país, debió vencer un sistema que le negaba la posibilidad de ejercer la profesión por ser mujer. Luis Agote revolucionó la medicina al desarrollar la técnica de transfusión diferida, compartiendo generosamente su hallazgo cuando el mundo más lo necesitaba. Ramón Carrillo, primer ministro de Salud, concibió la medicina como acto fundamentalmente social, comprendiendo que no basta curar al enfermo individual si la pobreza y la vivienda precaria siguen engendando la enfermedad. Pedro Cossio y René Favaloro disputaron la mejor forma de salvar corazones, generando una polémica constructiva que estimuló toda una generación de cardiólogos. Bernardo Houssay, premio Nobel, formó profesionales que revolucionaron la práctica sanitaria. Salvador Mazza y Esteban Maradona encarnaron la medicina rural, yendo a los lugares donde la miseria golpea más fuerte. Arturo Illia llegó a presidente llevando sus principios de honestidad. Enrique Pichon-Rivière fundó la psicología social argentina. Florencio Escardó supo comunicar a través de los medios. Osvaldo Raffo ejemplificó la medicina forense. Todos padecieron las consecuencias de la política, del autoritarismo, del rechazo a sus innovaciones. Fueron censurados, cesanteados, exiliados. Y sin embargo, persistieron. El libro es un homenaje a estos héroes civiles que pusieron sus vidas al servicio de otros.
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